Tony Bloom, el multimillonario inglés dueño del Brighton & Hove Albion, que disputa la Premier League, accionista minoritario de Unión St. Gilloise (Bélgica) y de Melbourne Victory (Australia), posee también el 29% del capital del Heart of Midlothian, de Escocia. Su modo de hacer fortuna fue cuanto menos llamativo: jugando al póker y apostando a través de profundos análisis de probabilidades. Evidentemente le fue muy bien, pero está a punto de fallar en su última gran apuesta.
En junio del año pasado, pocos días después de invertir 10 millones de libras esterlinas (11,5 millones de euros) en el club de Edimburgo, señaló: “Veo muy buenas posibilidades de ser al menos segundos esta temporada”. A 90 minutos del cierre de la liga, su club tiene asegurado ese puesto, pero sobre todo, depende de sí mismo para ser campeón. Los Hearts encaran la última fecha como líderes de la Premiership -el torneo de elite de Escocia-, sitio que ocupan desde el principio del torneo. Le llevan un punto de ventaja a Celtic, dueño exclusivo del título desde hace cuatro años, y el partido que decidirá quién festeja no puede tener más morbo: Celtic y Heart of Midlothian se enfrentarán este sábado (8.30 horas de nuestro país) en el estadio de los verdiblancos, y la expectativa supera por mucho el territorio escocés.
No es para menos, porque los números son contundentes. Solo los dos gigantes de Glasgow, Celtic y Rangers (binomio que los británicos denominan Old Firm), han ganado la Liga en los últimos 40 años y entre ambos acumulan 110 títulos de campeón (55 cada uno) de los 129 disputados hasta la fecha. Más aún, desde 1996 apenas siete veces se rompió el orden de que uno gane el título y el otro quede segundo, la última en el torneo 2017-18. Aunque en este punto cabe realizar una salvedad: en cuatro de esas ocasiones, Rangers no estaba en Primera, ya que fue declarado en quiebra y la nueva entidad creada para reemplazarlo debió iniciar su participación en la cuarta categoría del fútbol local. En esas siete campañas, por supuesto, fue campeón Celtic.
Si se toma el último dato, puede afirmarse que Heart of Midlothian ya hizo historia, pero nadie les quita a los Jambos (los chicos de la mermelada) la ilusión de redoblarla. El equipo granate apenas suma cuatro títulos de liga, el más reciente hace 66 años, en 1960, y accede al desenlace luego de desarrollar una temporada extraordinaria y de sufrir un buen número de padecimientos, entre lesiones y fallos arbitrales adversos.
El encuentro decisivo, como ya se ha hecho hábito casi en todas partes, llega envuelto en la polémica. “Es repugnante. Estamos contra las cuerdas, jugamos contra todos”, declaró indignado Derek McInnes, el entrenador de los Hearts, en la conferencia de prensa posterior al partido que los suyos ganaron 3-0 a Falkirk en la jornada del miércoles pasado. Su enojo, y el de buena parte de los seguidores escoceses e ingleses que vieron las imágenes, se centraba en el penal que -VAR mediante- le dieron al Celtic en el minuto 96 de la penúltima fecha.
Los católicos de Glasgow empataban 2-2 en campo del Motherwell cuando en un lateral largo, el defensor local Sam Nicholson saltó a disputar la pelota con el visitante Auston Trusty. El balón salió rechazado con violencia por Nicholson, aparentemente de cabeza y el árbitro John Beaton dejó seguir, pero fue convocado por el VAR, que descubrió que Nicholson tenía el brazo levantado por encima de la cabeza de su rival. Beaton miró la pantalla durante 20 escasos segundos y cobró el penal que Iheanacho transformó en 3-2 y triunfo. Ninguna imagen permite asegurar que Nicholson rechazó con el brazo, ni que el posterior choque con la cabeza de Trusty durante la caída pueda considerarse falta, y de manera unánime, exárbitros y jugadores -Gary Lineker entre ellos- consideraron injusta la sanción. “Pero cuando escuchas que el VAR va a revisar un posible penal a favor de Celtic en el minuto 96 das por hecho que se lo concederán”, ironizó McInnes en declaraciones a Sky Sports. La igualdad hubiese dejado a Celtic a tres puntos de Heart, obligándole a ganar por tres goles de diferencia para ser campeón. De esta manera, le vale solo con vencer.
Las sospechas sobre la aparición de “manos negras” siempre que un club modesto del este amenaza la “dictadura” de los poderosos de la costa oeste son parte del folklore del fútbol escocés. En Edimburgo se quejan de que en la antepenúltima fecha, a Heart no le dieron un penal evidente sobre la hora que hubiese podido romper el 1-1 contra Motherwell. El empate permitió a Celtic ponerse a solo un punto.
“Es una final de copa de 90 minutos y al comienzo de la temporada habríamos dado lo que fuera por estar en una situación así”, dijo el capitán y goleador granate Lawrence Shankland, como para bajar los decibeles de una definición que se espera caliente. También se ocupó de recordar que a su equipo no le fue nada mal frente a Celtic en este campeonato: jugaron tres veces, con dos triunfos de Heart y un empate.
Desde ya, los hinchas de Rangers, pero también los neutrales y el resto del mundo que se interesa por el fútbol escocés anhelan que los Jambos coronen como corresponde una temporada tan excepcional como inesperada, incluso desde antes de las polémicas de la reciente semana. Las abismales distancias presupuestarias y de teórico potencial futbolístico consiguen con facilidad inclinar las preferencias hacia cualquier David que enfrenta a un Goliat y este caso no es la excepción. Celtic tiene un estadio para 60.000 personas -53.000 abonados-; en el Tynecastle, el campo de Heart of Midlothian, entran 17.400 espectadores, de los cuales unos 15.000 pagan el abono anual. Los ingresos del club de Glasgow el año pasado ascendieron a 164 millones de euros contra los 27,5 de los de Edimburgo; y el gasto en nuevos jugadores para la campaña 25-26 fue de 30,2 y 2,9 millones, respectivamente.
Mártires de la Gran Guerra
Pero además, los granates tienen una historia dramática y un par de futbolísticas que les impidieron sumar un puñado más de ligas ganadas que las 4 que figuran en su currículum, y pueden enternecer a los simpatizantes ajenos al partido del sábado. En 1914, una vez desatada la Primera Guerra Mundial, 16 jugadores del club lideraron un movimiento de futbolistas escoceses que se alistaron para combatir en el ejército británico. Cuando en febrero de 1915 debieron partir rumbo al frente de batalla, el equipo era puntero invicto del campeonato, el torneo no se interrumpió, el equipo se debilitó y Celtic fue campeón. Siete de aquellos jugadores murieron en combate y desde 1922 un Memorial situado en la Haymarket de Edimburgo los recuerda, a la vez que invita a renovar el afecto por el club.
Mucho tiempo más tarde, en 1965, los Hearts llegaron punteros a la fecha de cierre. Los seguía el Kilmarnock, que logró vencer por los dos goles de diferencia que necesitaba en su visita a Tynecastle y les robó el festejo. Por fin, en 1986, tuvo lugar el segundo capítulo de la misma película. Otra vez líderes hasta la fecha final, a los de Midlothian les bastaba un empate en cancha del Dundee para celebrar, pero perdieron 2-0 en los últimos siete minutos; y el Celtic, que además de la derrota del Heart necesitaba golear, derrotó 5-0 al St. Mirren y los dejó con las manos vacías. Brian McClaire, delantero céltico en aquel equipo, no tiene problemas en confesar que el de Edimburgo fue “el mejor equipo de esa temporada con diferencia. La única alternativa que llegamos a tener fue la de ganar los últimos diez partidos. Lo conseguimos, ellos fallaron y fuimos campeones”.
La situación se parece demasiado a la actual. La sensación es la misma con respecto a los dirigidos por McInnes. Suman 80 puntos, la mayor cantidad alcanzada por cualquier equipo que no pertenezca al Old Firm en la historia de la Premiership; y han vencido a los dos grandes de Glasgow tanto de local como de visitante, otro hito inigualable. Pero Celtic acumula 7 victorias al hilo (incluida una por la Copa escocesa), mientras que los Hearts, si bien llevan la misma cantidad sin derrotas, se han dejado los 4 puntos que permitieron el acercamiento de los verdiblancos en sendos empates ante Livingston, último de la tabla, y Motherwell.

Tal vez por eso, o por aquel pronóstico de Tony Bloom que auguraba un segundo puesto, en las casas de apuestas Celtic sigue siendo favorito. “Creer” fue el verbo que utilizó el entrenador granate en los pocos momentos de debilidad de los suyos durante la temporada, o cuando una catarata de lesiones le fue quitando jugadores vitales. A partir de enero fueron cayendo Cameron Devlin y el congoleño Beni Baningime, el sólido doble 5 del mediocampo. Devlin recién recobró la titularidad el miércoles y marcó un gol. El lateral izquierdo Harry Milne cayó el 14 de marzo, siendo el máximo asistente del plantel y nadie pudo superar su marca; también volvió en el último partido, donde jugó 45 minutos. Y Shankland sostuvo su lugar de máximo artillero del equipo y tercero de la Liga pese a estar ausente entre enero y marzo.
Todos ellos parecen haberse recuperado a tiempo y estar listos para la batalla final. “Es normal sentir nervios en esta situación y se trata simplemente de controlarlos. Lo hemos manejado muy bien a lo largo de la temporada y será necesario mantener esa serenidad para hacer bien las cosas”, declaró el delantero tras el triunfo ante Falkirk. “Será un partidazo, estamos encantados de ser protagonistas y no habrá lugar para la autocompasión. Ya estoy deseando que empiece”, aseguró McInnes.
A Heart of Midlothian le quedan 90 minutos de pasión para completar su obra maestra y entrar en la historia por la puerta grande. También para demostrarle a su jefe, Tony Bloom, que se había quedado corto allá por junio del pasado cuando apostó apenas por un segundo puesto.
