Hay quienes dicen que plantar un árbol es un voto a futuro. En un jardín, puede ser un eje visual y un delimitador de espacios. Los más sensibles afirman que elegir un árbol es, a la vez, decidir la forma de nuestro cielo. Cada copa dibuja eso que podemos ver desde la tierra. Las ramas, hojas y frutos, delimitan lo que luego veremos todos los días. Eso sí: ¿desde dónde mirar? Aquí, algunas ideas para armar rincones de descanso, lectura, picnic o, simplemente, de contemplación.

Un banco que acompañe la forma del tronco es una forma de respetar la forma natural del árbol, de contener y generar espacios de lectura y también de reunión.

La tarde se presta para el mate y el ocio. Camastros, sillas, troncos, todo vale a la hora de generar entornos de descanso. Es importante lograr armonía entre los elementos y elegir bien la hora ideal para el descanso.

El entorno marca el horizonte. Para generar un escenario llamativo, es posible armar matas de vegetación floridas, que en cada estación ofrezcan sus matices. Incluso, especies como las salvias, que siempre son buenas moradoras de las aves nativas.

Cuando las copas son altísimas, abajo habrá más espacio para desplegar. Otras veces, la disposición de sillas o sillones se realiza en función de el ramaje, su altura y entramado. Como todo, el crecimiento del árbol acompaña la propuesta de diseño.

En cada estación, la copa propone sus colores, sus ramas a la vista o escondidas. En esto, también, piensa el paisajismo. Las hojas pueden dejarse como un colchón que delimita el espacio y aporta sus matices.

No todo debe ser madera, hierro, tronco, también hay opciones más livianas y en plástico que pueden ser trasladadas con mayor facilidad, y que aportan color y una estética contemporánea. Así, el sol marca el punto preciso donde ubicar mesas y sillas que luego pueden ir corriéndose con el paso de las horas.

En algunas especies, la copa se despliega horizontal a una altura baja, por lo cual un desnivel puede ser de ayuda para lograr un espacio lo suficientemente cómodo para disponer un juego de mesas y sillas. Un pequeño cantero enmarca la situación y delimita el espacio.

Cuando el árbol se encuentra contra la medianera, la vegetación que se ubica a sus pies puede también enmarcar el espacio que se elija para sentarse. Flores de colores o especies exóticas de verde brillante hacen las veces de reparo.

No hace falta tener grandes extensiones de terreno para pensar en árboles. En el patio de un edificio o en el fondo de un espacio común puede aparecer un rincón para que muchos disfruten.

Por detrás o enfrente, el árbol es el límite a partir del cual se diseña. Algunas veces, a los pies se ubican piedras como solado. A través de los canteros se enmarcan los accesos al lugar, además de aportar aroma y color.

Un grupo de troncos, recuperados de un árbol caído, forman un semicírculo e invitan a reunirse frente a la escultura de la Virgen.
