Cambio de dueños: los capitales argentinos están en retirada de una de las industrias más poderosas

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La industria láctea argentina cambió radicalmente en las últimas tres décadas. Empresas emblemáticas desaparecieron, cooperativas históricas se derrumbaron, varias compañías terminaron en manos extranjeras y solo un puñado logró mantenerse en pie en un escenario cada vez más complejo. Lo que a comienzos de los 2000 era un entramado de grandes firmas nacionales hoy se transformó en un mercado fragmentado, dominado por pocas compañías de escala y rodeado de cientos de industrias medianas y pequeñas.

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El proceso no fue lineal ni obedeció únicamente a decisiones empresarias. Fuentes del sector atribuyen buena parte de esta transformación a la presión impositiva, la falta de previsibilidad, controles de precios, costos laborales elevados, la incidencia sindical de Atilra en la actividad y una fuerte competencia informal.

SanCor pidió su propia quiebra la semana pasada

“De las 30 empresas lácteas importantes de principios de los 2000 quedan vivas cuatro o cinco que han hecho un poco mejor los deberes. Pero la realidad fue la hostilidad de la Argentina y no la cuestión de los manejos de cada compañía”, resumió una fuente de la industria a LA NACION.

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El fenómeno ya había sido advertido por la Junta Intercooperativa de Productores de Leche, que en un informe de hace tres años analizó la evolución de las principales industrias entre 1994 y 2022. Allí se observa que las 16 mayores empresas procesaban en 1994 el 67,4% de la leche del país, porcentaje que cayó al 61,8% en 2009 y al 54,9% en 2021/22. Durante la presidencia de Carlos Menem, dijeron las fuentes, la lechería argentina creció al 7% anual en casi 10 años.

La caída de las principales firmas refleja una creciente atomización industrial: menos concentración en las grandes compañías y más participación de compañías medianas. Pero lejos de representar una fortaleza, el fenómeno ocurre a contramano de los principales países productores del mundo, donde la concentración industrial aumentó como estrategia para ganar competitividad.

Finalmente, tras casi un año de negociaciones, la multinacional francesa Danone y la trasnacional Arcor adquirieron el restante paquete accionario de Mastellone Hnos.

“Las lecherías mundiales importantes como Estados Unidos o los principales países de la Unión Europea concentran en tres o cuatro empresas el grueso de la producción. En la Argentina, las empresas grandes ocupan el 30% y el otro 70% se reparte en 700 industrias”, explicaron en el sector.

En paralelo, se produjo un cambio estructural en la composición empresaria. Las cooperativas, que en 1994 representaban el 45% del volumen procesado entre las principales firmas, redujeron su participación al 6% entre el 2021 y 2022. Al mismo tiempo, las multinacionales pasaron del 11% a más del 40%, impulsadas por grupos como Saputo, Gloria Foods, Savencia, Danone y, en menor medida Nestlé, que ya estaba en la década de los 90.

Uno de los primeros grandes movimientos en la reconfiguración del negocio lácteo argentino se dio cuando el grupo Perez Companc, a través de Molinos Río de la Plata, avanzó sobre dos firmas familiares de peso: Molfino, de Rafaela, y La Paulina, de Villa María. La operación parecía marcar una apuesta fuerte por el sector, pero poco tiempo después el grupo decidió desprenderse de ambas compañías al considerar que se trataba de un negocio complejo y de baja previsibilidad. Finalmente, las dos empresas fueron adquiridas por la canadiense Saputo, que a partir de esas compras consolidó una de las plataformas industriales más importantes del país y ganó una posición estratégica en la lechería argentina.

Lácteos Verónica atraviesa una dura crisis financiera

Ese cambio de manos dejó casos emblemáticos. Milkaut pasó de cooperativa nacional a quedar bajo control del grupo francés Savencia. Parmalat abandonó el país. Williner, dueña de Ilolay, también fue vendida a Savencia. Y así varias firmas históricas desaparecieron.

El caso más simbólico fue SanCor, que llegó a procesar más de cuatro millones de litros diarios y hoy se encuentra en una situación terminal tras años de crisis, venta de activos a Adecoagro y Arsa y frustrados rescates. “La cooperativa láctea de Sunchales que llegó a tener el segundo lugar con el procesamiento de más de 4 millones de litros de leche, hoy debe estar en los 300.000 litros”, describieron fuentes del negocio. En febrero pasado, SanCor ingresó en concurso preventivo y la semana pasada solicitó su propia quiebra en lo que significó el derrumbe de uno de los emblemas más fuertes de la industria nacional.

En tanto, luego de años de balances con pérdidas millonarias, la historia del cambio de manos de La Serenísima comienza cuando vende un 49% de las acciones a Bagley, sociedad conformada por Arcor y Danone. El otro porcentaje restante pertenecía a los herederos de Mastellone Hermanos y el fondo Dallpoint Investments. Finalmente, tras casi un año de negociaciones, la multinacional francesa Danone y la trasnacional Arcor adquirieron el restante paquete accionario de la empresa que originalmente fundó Antonino Mastellone y potenció su hijo Pascual.

Tampoco sobrevivieron en pie La Suipachense, Cotapa, Cotar, ARSA, La Lácteo y otras firmas históricas que quedaron atrapadas entre endeudamientos, pérdida de escala y caída de competitividad.

“No hay vuelta atrás. Es una de las empresas que ya hay que contarla como desaparecida. La Suipachense también tiene quiebra, como ARSA [del grupo Vicentin], y hay una gran cantidad de pymes al borde del colapso”, alertaron fuentes de la actividad.

Entonces, mientras algunas empresas desaparecían, otras crecían aprovechando escala, automatización y espalda financiera. El caso más claro fue Saputo, que tomó activos locales, invirtió en automatización y pasó de procesar un millón de litros diarios a más de 3,5 millones.

En noviembre pasado, la Justicia decretó la quiebra de Lácteos Conosur SA, firma que controlaba la tradicional planta láctea La Suipachense, ubicada en la localidad bonaerense de Suipacha

“Saputo entendió que la manera de ganar plata en la Argentina es no tener mano de obra. La industria nacional procesaba 800 litros por empleado por día; Saputo puso máquinas y procesa hasta 8000 litros”, señalaron. La eficiencia industrial se volvió una ventaja decisiva. En un sector de márgenes ajustados, la escala y la automatización permitieron resistir mejor la presión de costos.

En un escenario en el que no podía girar dividendos al exterior, Saputo optó durante años por reinvertir utilidades en la Argentina, fortaleciendo su operación local hasta alcanzar un valor estimado de US$720 millones.

Esa estrategia le permitió consolidar una posición clave en el mercado hasta que este año el grupo peruano Gloria Foods adquirió el 80% de su negocio en el país por más de US$600 millones. Con presencia en varios países de la región y experiencia en contextos complejos, Gloria ya participaba en el mercado local a través de Corlasa, una firma elaboradora de leche en polvo y quesos. Según fuentes del sector, este ejercicio le permitió a Saputo capitalizar años de expansión en el país y recuperar utilidades acumuladas.

En contraste, muchas empresas nacionales quedaron atrapadas en una estructura de costos creciente y en un mercado interno debilitado. El caso de Lácteos Verónica es uno de ellos que desde hace un tiempo sigue en un punto muerto y con pocas soluciones a la vista. Desde enero pasado, la familia Espiñeira, dueña de la empresa, cortó todo tipo de pagos y la mayoría de los 700 trabajadores acusa deudas de medio sueldo de noviembre, diciembre, aguinaldo, enero y febrero. “Cuando ocurren momentos como los actuales, donde hay sobreproducción y el mercado interno está pobre de poder adquisitivo, la leche se choca contra la pared porque no hay manera de exportarla”, explicaron.

Ese excedente termina presionando sobre el mercado local, derrumbando precios. “Las pymes vuelcan el producto al mercado interno al precio que sea y se derrumba el mercado”, afirmaron.

A eso se suma otro problema estructural: la informalidad. Según fuentes privadas, una parte importante del negocio se sostiene sobre evasión fiscal y competencia desleal, con empresas que fabrican queso cremoso, barra y sardo fresco y compiten en el mercado vendiendo en la informalidad. “El 39% del precio de cualquier producto lácteo son impuestos. Eso incita a la evasión”, indicaron.

Controles de precios

Durante años, el negocio estuvo condicionado por controles de precios y restricciones a las exportaciones en los llamados “gobiernos progresistas”. Pasó durante el kirchnerismo. “Había que ir a ver al secretario de Comercio, Guillermo Moreno, y llevarle la lista de precios para que el funcionario pusiera los valores. Fueron épocas difíciles porque en un momento había un precio de exportación de US$5000 la tonelada de leche en polvo y Moreno, para cuidar la mesa de los argentinos, puso un precio de corte de US$2100 la tonelada”, recordó una fuente.

“Había que ir a ver al secretario de Comercio, Guillermo Moreno, y llevarle la lista de precios para que el funcionario pusiera los valores. Fueron épocas muy difíciles

A pesar de este escenario, algunas empresas lograron consolidarse. Hoy el mapa muestra cuatro grandes grupos fuertes: Gloria-Saputo/Corlasa; La Serenísima, con Arcor-Danone; Savencia, y más atrás Punta del Agua, además de jugadores nacionales como Noal y Tregar. “Las empresas que quedan firmes hoy son Saputo junto a Gloria, La Serenísima, el grupo Savencia y Punta del Agua, más atrás”, describieron.

En materia de producción e industrialización, en el último tiempo también vino avanzando Adecoagro, que además de ser líder en la producción de la materia prima escaló hasta el consumidor final con marcas como Las Tres Niñas, adquirida a SanCor.

Según el sector, el problema no es la falta de potencial. Por el contrario, la Argentina tiene ventajas naturales excepcionales para producir leche. “La Argentina tiene espacio, conocimiento del negocio, clima templado y campo de sobra para producir no 11.600 millones de litros, sino 30.000 millones”, aseguraron.

Del 70% de lo que se produce se vende en el mercado interno y el 30%, con más de 20 productos, se exporta a más de 60 países. La leche en polvo ocupa el 40% pero se vende también al exterior mozzarella e ingredientes lácteos, entre otros.

La paradoja es que, mientras la demanda mundial crece y aparecen nuevas oportunidades, la industria local sigue debilitándose. “El negocio lechero está garantizado que va a seguir; es un negocio con futuro”, dijeron. Sin embargo, remarcaron que, mientras no cambien las condiciones estructurales, el riesgo es que el país continúe perdiendo empresas, escala y protagonismo en un negocio donde tiene potencial para ser protagonista.

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