Escapada: a 150 kilómetros de Buenos Aires, un viaje que revive la época de los malones donde mataron a Dorrego

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En los años 50, Buenos Aires vivía a un ritmo trepidante, como todas las grandes capitales del mundo. Pero a menos de 150 kilómetros del Obelisco se esperaba todavía la llegada del chasqui a los puestos y pueblitos rurales, como Las Marianas, un puñado de manzanas frente a una estación por donde el tren no pasa ya desde hace tiempo. En estos archipiélagos de presencia humana diseminados sobre el gran océano de la pampa, el tiempo no pasa como en el resto del país. Hacen falta 25 kilómetros de un camino de tierra para llegar a este lugar que trata de aferrarse al resto del mundo con el turismo, ya que con el progreso y con el ferrocarril no se pudo. Hace no tanto, Navarro no era demasiado diferente, como recuerda Haydeé Antonia Vértiz, que con 83 años es un poco la memoria de ese mundo a la vez tan cerca y tan lejos. Haydeé vive ahora en el centro de Navarro, pero pasó su vida en Las Marianas y su infancia en una estancia aislada en pleno campo. Vio llegar los cambios como las olas llegan a una playa mansa, sin pausa pero sin apuro: “Cuando yo era chica, el telégrafo llegaba hasta Las Marianas. Si pasaba algo, venía desde ahí un señor a caballo y nos traía el mensaje”.

Enorme escultura realizada con chatarra en la entrada a Navarro

En aquellos tiempos era imposible imaginar que un día el camino de tierra sería transitado, los fines de semana, por autos venidos de la ciudad para ir a comer a lo de Doña Irma, el restaurante artesanal que se convirtió en ícono de Las Marianas. De la misma manera, Navarro se transforma y se integra a las modernidades de nuestros tiempos. Nuevamente, el turismo es el gran artesano que forja estos cambios.

La laguna de Navarro se volvió una atracción popular para el fin de semana y cada vez más Haydée nota caras nuevas en los locales de la cuadra y del centro.

La visita a Navarro y Las Marianas puede ocupar un día… y más. Hay sitios históricos, una pulpería, buenos restaurantes, sitios de avistaje de aves, varios museos y hasta un lugar vinculado al rock nacional, perdido en pleno campo.

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El primer contacto con Navarro por las rutas 40 y 41 es una aparatosa escultura realizada con chatarra.

Representa a un tambero y recuerda que la economía local está basada esencialmente en el trabajo de la tierra y la cría de animales. Se dice que la obra pesa ocho toneladas de metales diversos, que forman una carreta, los tachos de leche y un jinete monumental (hay una docena más de obras del mismo estilo por la localidad).

Réplica de un antiguo fortín con mangrullo

Si el estilo de la obra es tema de polémica en Navarro, no hay duda de que es una clara alegoría del alma tambera de ese pago que lleva el nombre de un explorador español del siglo XVI que acompañó a Juan de Garay en la conquista del Río de la Plata.

Haydée Vertiz no contradecirá a nadie que piense que Navarro es una cápsula de tiempo para un visitante que llegue desde la ciudad. La génesis del pueblo se forjó a golpe de lanzas y malones: así lo recuerda la réplica de uno de los fortines de la frontera pampeana del siglo XIX ubicada en un gran parque histórico donde también se instalaron recuerdos de la guerra de Malvinas.

Navarro nació en 1767, cuando se creó una guardia militar a orillas de la laguna para frenar los avances indígenas y los malones. La fuerza inicial era irrisoria y contaba con una guarnición de solo 16 blandengues, que fueron reforzados algunas décadas más tarde. Fue alcanzando, con el tiempo, cierta importancia, al punto de que el virrey Cevallos mencionó su existencia en 1777, cuando sirvió de punto de partida para algunas expediciones punitivas hacia lo que se llamaba entonces el “desierto”.

Parque Biográfico Coronel Manuel Dorrego: incluye un museo con objetos de la época y el famoso cuadro de sus últimos momentos

El actual fortín es una réplica que resiste más o menos el paso del tiempo. Se ven las construcciones de madera y el mangrullo. No está en su emplazamiento original ni conserva piezas originales, pero recrea con bastante fidelidad los puestos que defendían las colonias en aquellos tiempos. En el interior, los catres ilustran lo más gráficamente posible el modo de vida de los soldados, al igual que los cráneos de vaca, utilizados como asientos.

Un poco más lejos en el mismo predio, se hace un salto de un poco más de un siglo para caminar entre máquinas de guerra, banderas y monumentos que rinden homenaje a los héroes de la guerra de las Malvinas.

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Este compendio de historia argentina se puede completar con los museos locales, pero sobre todo con el sitio histórico por excelencia, el lugar donde asesinaron a Manuel Dorrego, el 13 de diciembre de 1828. El gobernador federal fue fusilado en un rincón de la estancia El Talar, sin juicio previo, por orden del general del bando unitario rival Juan Galo de Lavalle. Tal como se descubre en este sitio, un parque histórico y biográfico, fue un episodio que echó más leña al fuego que consumía el país en aquellos tiempos, devastado por las luchas entre unitarios y federales. Grieta de otros tiempos… pero no muy diferente a las que ve Haydée en la actualidad. “No veo tanto a Navarro como una ciudad que haya progresado, sino como un pueblo modificado por su cercanía a Buenos Aires”, sintetiza.

En La Protegida hay objetos antiquísimos, fotografías, artículos de viejos almacenes y pulperías

Atardeceres sobre la laguna

A los turistas les encanta descubrir un mundo que conservó las huellas de un pasado pampeano idealizado, hecho de gauchos, fortines, próceres y colonos. Luego del fortín y de la visita al Parque Dorrego con su museo y su monumento, se pueden recorrer el museo ferroviario, la pulpería de Moreira, el museo paleontológico y hasta el salón y el patio de La Protegida, un restaurante que es un cambalache criollo, donde las antiguas latas de galletitas conviven con herramientas de la época de los primeros colonos.

Pero tarde o temprano, el recorrido pasa por la laguna, especialmente al atardecer. El camping y el parque municipal ofrecen algunas instalaciones rústicas, pero es más interesante alejarse un poco de ese sector, frecuentado por pescadores de pejerreyes, para descubrir el costado más agreste del espejo de agua. Los caminos son ideales para una bicicleteada o para caminatas en busca de aves que viven en esta parte de la pampa, como la garza azul o el macá plateado. También hay gallinetas, jacanas, patos capuchinos, gallaretas y muchos otros. El paisaje va cambiando alrededor de las más de 200 hectáreas de la laguna, a medida que se alternan las zonas arboladas y los pastizales con totorales y juncales.

El mejor momento desde un punto de vista fotográfico es cuando se pone el sol y el rojo del cielo destiñe en la laguna. Pero también vale la pena arrancar el día en las primeras horas, por los senderos de la Virgen del Cerro o el Camino de la Fe de Mama Antula, con el murmullo del viento en la copa de los árboles. Es otra manera de descubrir que Navarro tiene la capacidad de escapar de las garras de la ciudad.

Escultura de madera en homenaje a Mama Antula

Las Marianas, el Navarro de hace un siglo

No se puede visitar Navarro sin darse una vuelta por este pequeño pueblito rural, aunque hay que animarse a manejar unas decenas de kilómetros por un camino de tierra (impracticable con un auto común luego de cualquier día de lluvia). Además de la exestación, hay un negocio rural que conservó sus estantes de madera y un modo de funcionar que no existe más en Navarro. Además de la pequeña iglesia y del restaurante dominical Doña Irma (cuyo renombre alcanzó las localidades vecinas y bastante más allá), los cultores del rock nacional vienen para conocer el lugar de la foto del disco Bandidos rurales, de León Gieco, y donde se filmó el clip de la canción que dio su nombre al álbum. El bar y boliche, que por el momento está cerrado, estuvo funcionando hasta la década pasada y hay que buscarlo en uno de los extremos del tenue tejido urbano de Las Marianas.

Datos útiles

  • Parque Municipal Laguna de Navarro: ideal para pesca, avistaje de aves y caminatas. Cuenta con camping, fogones y proveeduría.
  • Parque Biográfico Coronel Manuel Dorrego: incluye un museo con objetos de la época y el famoso cuadro de sus últimos momentos. Dirección: Ruta 41, km 155. De jueves a domingos de 10 a 18 (sujeto a cambios, consultar en la Dirección de Turismo). Entrada: gratuita.
  • Museo Ferroviario de Navarro: en la antigua estación del Ferrocarril Sud. Exhibe maquetas y objetos ferroviarios. Boulevard 34 esquina 13. Sábados, domingos y feriados de 10 a 18. Entrada con bono contribución sugerido.
  • Complejo Histórico “Dr. Alfredo Sabaté”: historia local y objetos de la vida cotidiana de los vecinos de Navarro. Calle 22 e/ 7 y 9 (frente a la Plaza Principal). De miércoles a domingo y feriados de 10 a 17.
  • Réplica del Fortín San Lorenzo: en el mismo predio hay una colección de carruajes antiguos y un gran predio dedicado a la Guerra de las Malvinas. Ingreso por Calle 22 entre 119 y 121. Sábados, domingos y feriados de 10 a 17 (visita guiada a las 16). Entrada gratuita.
  • Restaurante museo “La Protegida”: pulpería/almacén de ramos generales ambientada como museo. Platos caseros. Boulevard 19 esquina 30. Sábados, domingos y feriados al mediodía; viernes y sábados por la noche.
  • Las Marianas (a 25 km de Navarro): declarado polo turístico. Visitar el almacén La Media Luna y probar los ravioles de Doña Irma.

El restaurante Doña Irma, en Las Marianas

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