Mientras el mundo atraviesa cambios profundos sin precedentes desde principios de los años dos mil, la tendencia hacia la multipolaridad también se está acelerando. Sin embargo, en este nuevo período de turbulencia y transformación, la multipolaridad muestra nuevas características: la desigualdad y el desorden se agravan, la competencia despiadada entre las grandes potencias se hace más evidente y crecen los temores de una nueva guerra mundial.
Las superpotencias quebrantan el derecho internacional y tratan los territorios de países independientes como su “patio trasero”, por decir lo menos. La mejor solución a esta situación es promover el desarrollo de la multipolaridad en una dirección más justa y ordenada, con intentos de erigir un nuevo orden político y económico mundial.
Al mismo tiempo, un factor positivo —y la manifestación más significativa de esta transformación— es el ascenso del Sur Global y su creciente conciencia política: mayor independencia, autonomía y un desafío a las potencias hegemónicas y agresivas. El Sur Global, junto con otros países no “occidentales”, constituye el Oriente, determinando un neto desplazamiento del equilibrio de poder entre Oriente y Occidente, con el ascenso del primero y la declinación del segundo.
El dualismo Pekín-Washington
Sin embargo, en el marco más amplio del ascenso de Oriente y el declive de Occidente, la República Popular China y los Estados Unidos de América revisten una importancia particular. Entre las potencias globales emergentes, la RP China destaca especialmente. Aprovechando sus fortalezas como gran potencia y, sobre todo, su rápido desarrollo en los últimos cuarenta años, la fuerza nacional china ha crecido exponencialmente, convirtiéndola en la segunda economía más grande después de la estadounidense.
Mientras tanto, en el mundo occidental en declive, Estados Unidos, como potencia y líder mundial, ha registrado el declive más lento, lo que ha resultado en una ampliación de la brecha de poder con los demás países occidentales. Por lo tanto, la alternancia de momentos de fuerza y debilidad entre Pekín y Washington se ha convertido en uno de los temas más debatidos de la política internacional. Algunos estudiosos consideran que el orden mundial se ha desplazado de la multipolaridad a la bipolaridad, como lo fue alguna vez entre la Casa Blanca y el Kremlin.
Más allá de la bipolaridad
Independientemente de las motivaciones de quienes sostienen la bipolaridad, la unilateralidad de este argumento es evidente.
El factor decisivo en el orden mundial es la comparación de la fuerza de las grandes potencias. Actualmente, Estados Unidos lidera en términos de fuerza integral, seguido de cerca por China, pero la brecha entre las fuerzas del “Imperio del Centro”, EE. UU. y las otras grandes potencias es mucho menos significativa que la que hubo entre Washington y Moscú durante la Guerra Fría.
- Económicamente: El PIB de la UE es comparable al de China; considerando el papel del euro como segunda moneda mundial, su fuerza económica debe ser enfatizada.
- Militarmente: Rusia ha sido considerada durante mucho tiempo la segunda potencia militar. A pesar de los contratiempos en la crisis ucraniana, ha resistido por sí sola la presión de toda la alianza de la OTAN.
- Soft Power: La UE, el Reino Unido, la India y Japón son actores importantes que no deben subestimarse.
El declive de la superpotencia única
Hoy es innegable que la superpotencia única de las barras y estrellas se está debilitando. Su búsqueda de nuevos teatros de guerra no es un invento del “malvado Trump” —como piensan las mentes ingenuas de algunos políticos desprevenidos— sino una exigencia del capital financiero, como fusión entre el capital bancario e industrial y la creciente injerencia del Estado en la economía para invertir en la proliferación y producción bélica. Los presidentes de EE. UU., sean del color que sean, son meramente un producto de las tesis de Hilferding.
Al mismo tiempo, las “otras” potencias (RP China, Rusia, UE y Japón) se están fortaleciendo. Con el ascenso del Sur Global, la India, con más de 1400 millones de habitantes, está sustituyendo a Japón en relevancia. Por tanto, en este orden multipolar en evolución, los miembros no occidentales están superando a los occidentales.
Realismo geopolítico y la ONU
El tema de la 61.ª Conferencia de Seguridad de Múnich (febrero de 2025) fue la multipolaridad que cada día se vuelve más real. Es relevante que EE. UU., que siempre persiguió la hegemonía unipolar, haya comenzado a modificar su percepción. La declaración de Trump en enero de 2025, afirmando que EE. UU. ya no era la potencia líder mundial, significa reconocer que Washington ha perdido su estatus unipolar y busca recuperar terreno a través de la producción bélica.
Dado que Estados Unidos, por su posición geográfica, no conoce la guerra con extranjeros en casa (salvo en 1812 y Pearl Harbor), como talasocracia prefiere exportarla al extranjero.
Hacia un orden equitativo y ordenado
¿Qué significa un mundo multipolar equitativo y ordenado? Significa:
- Igualdad soberana: Oponerse al hegemonismo y promover la democratización de las relaciones internacionales.
- Nuevo Orden Económico: Modificar la vieja estructura dominada por Occidente por reglas que reflejen los intereses de los países en desarrollo (reforma de la gobernanza financiera y comercio justo).
- Multilateralismo auténtico: Adherirse a la Carta de las Naciones Unidas.
Conclusión histórica
Desde el Congreso de Viena en 1815 hasta el colapso de la URSS en 1991, los órdenes mundiales han sido seguidos por periodos de estabilidad y crisis. Tras la caída de la URSS, las “mentes simples” imaginaron un paraíso terrenal, sin comprender que la Unión Soviética era el katechon paulino (lo que frena al caos). El 11 de septiembre de 2001 demostró que, caído el katechon, los “Cuatro Jinetes del Apocalipsis” tuvieron rienda suelta.
Históricamente, un nuevo orden mundial presupone una deflagración global o un fallo estructural de un pilar. Nosotros solo podemos esperar en la voluntad de paz de los actores internacionales. Las conferencias internacionales son cruciales para, si no crear un nuevo orden, al menos prevenir el colapso del viejo establecido por la ONU. Por lo tanto: o estas conferencias, o una guerra mundial para un nuevo orden mundial. Todo depende meramente de la voluntad de quienes deciden.
*El autor es un diplomático, presidente del International World Group y profesor en diferentes universidades como Schiller International University, de Paris, y Sapienza, de Roma
