BOGOTÁ.– Sin palabras del candidato del oficialismo de Colombia, a las 5.30 hora local (7.30 en la Argentina) y con casi el 95,1% de las mesas escrutadas, Iván Cepeda parecía haberse asegurado un pase con gusto a derrota a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales con el 41,1% de los votos, a medida que el outsider y contendiente por la derecha Abelardo de la Espriella sorprendía con un 43,6%.
“¡No pasarán, no pasarán!”, gritaba la presentadora del búnker del Pacto Histórico en un Salón Rojo del histórico Hotel Taquendama de Bogotá con más periodistas que militantes y un ambiente inevitablemente pálido.
El aspirante del Pacto Histórico llega a la carrera por el balotaje, previsto para el 21 de junio, con una campaña centrada en profundizar las reformas y cumplir las promesas del primer gobierno de izquierda de la historia del país, el del presidente saliente Gustavo Petro, pero intentado desmarcarse a su vez de los errores y faltas cometidas por la gestión en retirada.
Del lado de enfrente se encuentra Abelardo de la Espriella, por Defensores de la Patria, que sorprendió con un ascenso meteórico en las últimas semanas previas a los comicios y se aseguró el paso a la segunda vuelta como el representante de una derecha colombiana que parece estar hace tiempo rechazando su versiones más tradicionales, como el uribismo del Centro Democrático de Paloma Valencia, quien finalmente quedó excluida del balotaje.
Reconocido como activista por los derechos humanos y las denuncias a la complicidad del Estado con los paramilitares, hijo de un histórico dirigente comunista colombiano asesinado a plena luz del día en una autopista de Bogotá y senador de 63 años que ha facilitado el diálogo entre el gobierno y los grupos armados, Cepeda deberá ahora caminar la cuerda floja durante tres semanas para mantener satisfecha su base del petrismo pero intentar seducir a los indecisos y los votantes más moderados.
Las promesas de campaña
“Yo creo que porque es la única opción de izquierda que hay. En especial siento que el mundo está a puertas de una radicalización hacia la derecha y la pérdida de derechos humanos en donde la vida no es la prioridad. Siento que una propuesta que ponga la defensa de la vida en su conjunto y del planeta es necesaria para poner pie a lo que está pasando”, dijo a LA NACION Daniela Alfonso justificando su voto por Cepeda antes de conocer los resultados parciales.
Su visión resume en gran medida las razones de apoyo a Cepeda que encuentran muchos colombianos.
A lo largo de su campaña, a pesar de no contar con un programa de gobierno detallado, el candidato del Pacto Histórico se ha encargado de asegurar que pretende continuar por la vía de izquierda iniciada por Petro, en un país marcado casi ininterrumpidamente por gobiernos de derecha.
Para ello, en una de sus contadas apariciones mediáticas durante la campaña, Cepeda ha propuesto lo que él denomina un “acuerdo nacional”, que reúna a los principales “sectores estratégicos” en una mesa de diálogo político ampliado para así profundizar las reformas iniciadas por el gobierno de Petro, como la pensional, la tributaria y la laboral.
Entre las principales propuestas que comparte con su compañera de fórmula, la líder indígena, también activista por los derechos humanos y senadora, Aida Quilcué, se encuentran la entrega de un millón de hectáreas de tierra, la ampliación de subsidios de 3 a 5 millones de adultos mayores y el endurecimiento de las condenas y la persecución de la corrupción en el Estado.
Por otra parte, el senador ya ha afirmado que pretende continuar con el fallido “Plan de Paz” –que él mismo ayudó a delinear– implementado por el gobierno de Petro, un enfoque dialoguista con los grupos armados que no obstante concluyó en una expansión territorial de las facciones y en el aumento del conflicto armado a partir de la lucha entre los grupos por hacerse con el control de las economías ilícitas.
Cepeda antes y después de la política
“Cepeda antes de ser político era una persona que investigaba violaciones de derechos humanos por parte de fuerzas paramilitares y, en algunas ocasiones, de la alianza de fuerzas paramilitares con fuerzas estatales. Todo eso ha estado muy ligado a la izquierda en Colombia”, explicó a LA NACION Carlos Moreno León, profesor asistente del departamento de Ciencia Política de la Universidad Javeriana.
Hijo del senador Manuel Cepeda Vargas, dirigente histórico de la izquierda colombiana asesinado por agentes del Estado en complicidad con paramilitares en 1994, Cepeda forjó una carrera como defensor de los derechos humanos, primero desde los movimientos sociales y los organismos afines, y luego, a partir de 2010, desde el Congreso.
Desde su banca adquirió nueva relevancia nacional al convertirse en facilitador de los procesos de diálogo entre el gobierno colombiano y grupos armados como las FARC y el ELN desde 2013, y más tarde, como uno de los principales impulsores del “Acuerdo de Paz” firmado con las FARC en 2016.
Más recientemente, durante el gobierno de Petro, fue uno de los articuladores clave del plan de “Paz Total”, aunque el candidato ha sido muy hábil para evitar aclarar cuanta responsabilidad tuvo en el diseño de un plan ampliamente considerado como un fracaso.
“En ese sentido, aunque a ojos del electorado está muy asociado a Petro, tal vez por esa tradición de trabajo específicamente con derechos humanos Cepeda adquiere un perfil un poco diferente”, analizó Moreno León.
La estrategia para el balotaje
En las próximas semanas, el candidato oficialista deberá intentar mantener su cercanía con la base del petrismo, pero sobre todo, intentar seducir a un amplio sector de la población colombiana que no parece satisfecha con ninguno de los dos candidatos.
Según la más reciente ponderación de encuestas realizada por el medio colombiano La Silla Vacía, los indecisos llegaban al 22% del electorado antes de las primera vuelta.
En un escenario ampliamente polarizado en el que quién saque una mínima ventaja será electo presidente, la disputa por el electorado del medio adquiere un carácter fundamental.
Al mismo tiempo, en una Colombia que, ante todo, parece cansada de lo que denominan el establecimiento, es decir, la casta para la Argentina o el establishment para Estados Unidos, la estrategia de seducción de aquellos votantes intermedios podría pasar por achacar al contrincante la pertenencia a la élite, ya sea económica o política.
Sin embargo, cualquiera de los aspirantes a la Casa de Nariño podría intentar aplicar esta estrategia con su contrincante.
“Puede que De la Espriella intente mostrar a los escándalos de corrupción que han estado alrededor de este gobierno, o enmarcarlos como que ellos hacen parte de la élite, pero no le va a ser fácil. Porque el discurso de Cepeda y el del pacto histórico también apunta a que han sido 200 años en donde la élite colombiana ha gobernado”, de la que ellos no se consideran parte, dijo Moreno León.
“En esa circunstancia, ambos tendrían un discurso similar, entonces no necesariamente sería un diferencial para llamar la atención de los votantes”, anticipó el experto.