José Luis Romero y la cuestión universitaria

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Quizá José Luis Romero, Tulio Halperin Donghi, Ezequiel Gallo, José Carlos Chiaramonte, Natalio Botana, Oscar Terán, Carlos Altamirano y Juan Carlos Portantiero conformen una parte esencial de los intelectuales más influyentes del siglo XX argentino. Sus obras son clásicos y sus reflexiones, acerca de ese tembladeral contradictorio y apasionante que es la historia de nuestro país, insoslayables.

El primero, quién frecuentó lucidamente las páginas de LA NACION, fue rector de la Universidad de Buenos Aires y dentro de su frondosa producción académica, ensayística y periodística, podemos encontrar reflexiones y propuestas sobre la cuestión universitaria de enorme actualidad. En estos tiempos, en donde el debate sobre la Educación Superior está atrapado en los modos precarios y efectistas de la tecnología, vulgarizado por ciertos comunicadores e insuficientemente valorizado por la política, vale la pena apuntar algunas ideas que sobre tema tenía José Luis Romero.

“…Solo una cosa me preocupa cuando se habla de espíritu universitario: la maléfica confusión mediante la cual se carga esta expresión de un sentido de aristocracia… a este sentido se lo combate extendiendo la base social de donde proviene el estudiantado… y llevando la cooperación (desde la universidad) para coadyuvar al mejoramiento social”, expresaba en 1956. Y continúa, en el mismo ensayo: “…tampoco hagamos caso a quienes temen demasiado a lo que se ha dado por llamar la intromisión de la política en la Universidad… Solo los reaccionarios son apolíticos… la política partidaria es nefasta en la universidad. Pero la política de las ideas, de las grandes corrientes de pensamiento que pugnan en el mundo de nuestros días, no es solo legítima sino necesaria”, afirma, trazando una línea clara, pero a la vez sutil, sobre lo que debiera ser la política dentro de los claustros universitarios.

“Lo que ocurrido en la universidad no puede ser separado de lo que ha ocurrido en el país. En consecuencia, las soluciones inmediatas y de corto plazo de la cuestión universitaria no pueden pensarse de manera abstracta sino en relación con la contingencia que vive el país…” Pero inmediatamente advierte, en el mismo texto escrito en el fatídico año de 1976 “…el corto plazo no debe comprometer el futuro. Ya se ha destruido demasiado de lo que construyeron muchas generaciones en la universidad argentina para que se destruya más…”. Nada comprometerá más su porvenir que “…una política de corto plazo que discrimine injustamente a buenos y malos según criterios ocasionales o, eventualmente, según prejuicios injustificables…”. Esto último, es un elemento que contamina diariamente la discusión sobre la educación en la Argentina y que el actual gobierno fogonea con demasiada liviandad con sus persistentes diatribas, agresiones y presupuestos falsos.

El uso de la cátedra para la propaganda sectaria es inaceptable e inmoral. Pero hay que apelar a la responsabilidad de cada uno… la libertad del pensamiento tiene riesgos como los tiene toda forma de libertad,

José Luis Romero

Romero tampoco le esquiva al remanido tema del adoctrinamiento, al afirmar que “…el uso de la cátedra para la propaganda sectaria es inaceptable e inmoral. Pero hay que apelar a la responsabilidad de cada uno… la libertad del pensamiento tiene riesgos como los tiene toda forma de libertad”, pero la universidad es inimaginable sin ella, concluye el intelectual. En los artículos reunidos bajo el título “La experiencia argentina y otros ensayos”, publicados en 1980, también aborda la particular organización universitaria, cuyo origen en los fueros medievales, le proporciona la autonomía que celosamente protegen las Casas de Altos Estudios, para alejarse de condicionamientos políticos y económicos y crear un ámbito especial para el desarrollo del pensamiento y las ciencias. Una Torre de Marfil necesaria, pero que no debe desconocer la realidad del país y sus cosas.

Una clase abierta de la UBA frente al Palacio de Tribunales, para pedir al Máximo Tribunal de la Nación que se expida sobre la Ley de Financiamiento Universitario

Las reflexiones del historiador nacido en Buenos Aires, cuyo hermano Francisco fue también un destacado intelectual de la filosofía, ponen fuera de la coyuntura una discusión seria y apasionante. Sus opiniones tienen, por cierto, una enorme vigencia y claridad, sustentadas en un firme compromiso con la libertad y la república, reflejado en su vida y obra.

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