La misión reservada de Santiago Caputo y el negocio que preocupa a Trump

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Mientras Donald Trump aterrizaba con pompa en Pekín para lo que ya se anunciaba como una visita histórica —la primera de un presidente norteamericano en años, con una agenda cargada de tensiones comerciales y marcada por una silenciosa reconfiguración del orden global—, en Washington, Santiago Caputo mantenía una serie de reuniones reservadas en las que funcionarios y legisladores norteamericanos le transmitieron, sin rodeos, su preocupación por la posible penetración de capitales chinos en sectores estratégicos de la Argentina. Entre ellos, el más sensible: la licitación de la Hidrovía.

Fueron reuniones que formaron parte de una agenda paralela, a las que Caputo asistió junto al lobbista norteamericano Barry Bennett, socio en la firma Tactic Global, del argentino Leonardo Scaturice, el presunto exagente de inteligencia que hoy es dueño de Flybondi y de OCA. También estuvieron presentes el embajador argentino en Washington, Alec Oxenford, y Manuel Vidal, mano derecha del asesor presidencial. Caputo fue citado primero por Brian Mast, representante republicano por Florida y presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes. Hubo otra reunión con un peso pesado de la administración Trump: Michael Jensen, asesor especial del presidente norteamericano sobre Asuntos del Hemisferio Occidental en el Consejo de Seguridad Nacional.

En esos encuentros surgió el tema de la Hidrovía, además de la relevancia que tienen para Estados Unidos el puerto de Ushuaia y el negocio energético. El timing del viaje del asesor presidencial no es casual. El martes próximo está previsto que la Agencia Nacional de Puertos y Navegación (Anpyn), que está bajo la órbita del joven Caputo, abra el tercer sobre comprendido en los pliegos de la licitación de la Hidrovía. Es el sobre que debería contener la oferta económica y que terminará de dirimir la compulsa entre los dos oferentes en carrera: el consorcio conformado por la belga Jan de Nul y la argentina Servimagnus (empresa de la familia Román), que compite con la también belga DEME, que iría junto con las norteamericanas Great Lakes, Clear Street y KKR.

La Hidrovía Paraná-Paraguay no es una obra de infraestructura más: es la aorta comercial de América del Sur. Por ese corredor fluvial circula el 80% de las exportaciones argentinas de granos y derivados —soja, maíz, harina, aceite—, pero también la producción de Paraguay, un país sin litoral que depende de esa vía para existir en el comercio mundial, y las cargas del sur de Brasil, que bajan desde Mato Grosso do Sul buscando salida al Atlántico. Quien controla el dragado y el balizamiento de esa arteria no administra solamente un canal: administra la puerta de salida de la agroindustria más poderosa del hemisferio sur. Por eso la licitación que definirá su concesión por los próximos 25 años no es un trámite técnico ni una disputa entre dragadoras.

Desde los Estados Unidos sostienen que tienen sospechas de que detrás de Servimagnus y de la Anpyn podría haber injerencia de la República Popular de China, algo que desde la empresa argentina en su momento negaron mediante un comunicado. También señalan que el pliego de la licitación favorecería al consorcio que integra junto a Jan de Nul en detrimento del encabezado por Deme. “Hay informes de los Estados Unidos que sugieren el vínculo. A Santiago le avisaron que esos informes estaban”, apuntó una fuente al tanto de las conversaciones, en estricta reserva.

Si bien las reuniones se mantuvieron en todo momento bajo reserva, hace apenas una semana, el congresista republicano Mast había hecho pública su postura al respecto en declaraciones al sitio The Floridian. “Los Estados Unidos acaban de asistirlos con 20.000 millones de dólares, y que no se permita a empresas norteamericanas trabajar en sus puertos, sus vías navegables, el dragado o cualquier otra actividad es inaceptable para nosotros”, dijo, según publicó el portal. Más allá de la buena sintonía que pareció haber habido entre Trump y su par chino, Xi Jingping, los negocios son negocios. En temas estratégicos, el “America First” sigue primando. Todo un desafío para la administración de Javier Milei que, si bien siempre dejó en claro su alineamiento con Estados Unidos e Israel, nunca descuidó sus vínculos con China, a quien el presidente argentino llegó a definir como “un gran socio comercial”.

En la Anpyn aseveran, por ahora, que, pese a los cuestionamientos, no habrá modificaciones en los plazos ni en el proceso. También señalan que en ninguno de los dos consorcios que siguen en carrera detectaron presencias “asociadas a un Estado soberano”. “Las tres empresas, Jan de Nul, Servimagnus y Deme, tuvieron experiencia trabajando en UTE [unión transitoria de empresas] con chinos. Pero ahora peinamos las ofertas y no encontramos nada”, afirmaron. Por ahora, el consorcio encabezado por Jan de Nul corre con ventaja, después de haber obtenido 66,2 puntos en la evaluación técnica, contra 42,14 de Deme. Sin embargo, la gran definición pasa por la oferta económica, que se conocerá el martes. En un gobierno que cultiva el pragmatismo como doctrina, la Hidrovía pondrá a prueba hasta dónde llega ese pragmatismo cuando Washington toca el timbre.

La de la Hidrovía, junto con la del Belgrano Cargas, son las dos licitaciones más importantes que lanzó el gobierno libertario. Se sumará ahora la privatización de Aysa, la empresa de agua, según anticipó el ministro Caputo. Son todas operaciones que le permitirán además capear al Ministerio de Economía la menor recaudación. Además, el Gobierno contará antes de que termine el mes con el desembolso de los US$1000 millones que había comprometido el Fondo Monetario Internacional (FMI) como parte del programa vigente. El dinero -en rigor, 763 millones de DEG, como se conoce la unidad de cuenta que usa el organismo multilateral de crédito- llegará a la Argentina el 26 de este mes, cinco días después de la reunión del directorio de la entidad en la que se aprobará formalmente la revisión del programa. Un tema más.

Pero la actividad, aunque mejora, sigue siendo dispar. Un informe privado que circula en una cámara bancaria señala que recién para fines de año esperan que los niveles de mora en el sistema financiero bajen a la mitad, en torno del 5 y 6%, similares a los que se observaban en 2025. Peor es la situación en las entidades no bancarias. El empleo y la recuperación del poder adquisitivo son dos grandes desafíos hacia adelante.

Entre los empresarios que asistieron esta semana al almuerzo del Centro Interamericano de Comercio y Producción (Cicyp), en el hotel Alvear, uno de los comentarios era la notable demanda que tiene el plan de capacitación de oficios lanzado por el Ministerio de Capital Humano, y del cual participan algunas empresas privadas. “Abrís a las dos de la tarde el cupo y a las dos y diez ya está completo”, explicó un empresario. El consenso entre los industriales es que la actividad pareciera ya haber tocado un piso. “El parate se frenó; no hay un fuerte repunte, pero no vemos que sigamos cayendo”, comentaba un participante.

El martes está previsto que la cúpula de la Unión Industrial Argentina (UIA) se reúna con el ministro Luis Caputo en el Palacio de Hacienda. No es difícil anticipar el tema central. La UIA, tal como sugirió esta semana su titular, Martín Rapallini, en una columna publicada en el portal Infobae, le pedirá a Caputo que también haya un régimen de incentivos fiscales, como el RIGI, para las inversiones industriales. Si hay que competir, al menos, para poder hacerlo tiene que ser con las mismas herramientas que hoy cuentan los sectores más pujantes, como la minería o la industria del petróleo y del gas.

Más allá de que la gestión pareciera totalmente enfrascada en el affaire Adorni, el gobierno libertario todavía tiene tiempo para mejorar la percepción económica de cara a las elecciones de 2027. Si bien hay un deterioro evidente del oficialismo en prácticamente todas las encuestas publicadas, no se trata para el gobierno de un partido con resultado cantado. El sociólogo Luis Costa sostiene que el segmento donde peor está hoy la imagen de Milei es en la clase media y media alta. Pero, aclara, “si bien hoy la gente está enojada, no significa que después no lo vote”. “La Libertad Avanza, como se vio en la elección del año pasado, se volvió un partido de clase media para arriba. Con lo cual hay que ver si el enojo en las mediciones significa un desapego en las elecciones en 2027 o una simple bronca circunstancial”, explicó. Falta mucho para 2027. No solo hay que despejar nubes en lo económico; también habrá que ver hasta dónde acompaña Trump. El salvavidas económico que le dio al país en las elecciones legislativas está claro que lo está haciendo valer.

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