Unos ingenieros de un prestigioso laboratorio trabajan alrededor de una computadora, en una oficina oscura, en donde ingresa algo de luz, a través de ventanales dorados. Muy cerca de ellos, se levanta un dispositivo plateado, una especie de lámpara futurista con tubos y cables finos que dan vueltas alrededor de un cilindro. La “máquina” tiene una capacidad peculiar: permite simular cualquier sistema físico, al punto de que recrea la voz de Jesús, de hace 2000 años, hablando en su idioma natal, el arameo. El dispositivo puede “ver” eventos pasados sin haberlos grabado: no accede a cámaras ni archivos, sino que calcula cómo estaban dispuestas todas las partículas en ese momento y, de esta forma, puede reconstruir la escena completa.
Aunque la secuencia es completamente ficcional -pertenece a la serie Devs, dirigida por Alex Garland–, muestra algo imposible de hacer hoy en día, pero que la ciencia investiga y busca alcanzar desde hace años. Y, más allá de que en la serie se utilice esta tecnología para hacer presente hechos históricos, se trata de un avance que podría tener efectos en múltiples ámbitos. ¿Cómo sería el mundo si se pudiese comprobar la eficacia de un medicamento desde una computadora, sin necesidad de llevarlo a un laboratorio?
Mientras que una computadora clásica tardaría décadas en modelar cómo una proteína específica podría bloquear un gen que combata a cierta enfermedad, la computación cuántica podría hacer que el diseño de un fármaco sea algo más rápido. Ya no importaría que alguien tenga una patología entre millones de personas, la cura para ciertas enfermedades sería tecnológicamente posible y financieramente accesible.
“Tiene un gran potencial en industrias donde los problemas son altamente complejos”, explica Ezequiel Glinsky, director de Tecnología para Microsoft Latinoamérica, y agrega: “En salud y farmacéutica, podría acelerar la simulación de moléculas y el descubrimiento de nuevos medicamentos. En energía y materiales, permitiría diseñar nuevos materiales y procesos más eficientes y sustentables”. Pero antes de profundizar en el tema, conviene aclarar en qué consiste esta nueva tecnología.
“La quinta revolución industrial”
En palabras simples, se podría decir que la computación cuántica es una nueva rama de la informática, de la tecnología de la información, basada en los qubits. Esta es una unidad de información que cuenta con mayor potencial de procesar datos que el bit tradicional.
Hoy en día, toda la información, ya sean textos, videos o música, se codifica en forma digital en unidades mínimas de información, un sistema binario con dos valores: 0 o 1. Se parece a un interruptor de luz común: solo tiene dos posiciones, encendido o apagado.
“Un quantum-bit (qubit) es un bit sin esa restricción”, explica el argentino Rodrigo Cortiñas, doctor en Física y actualmente investigador científico en Google Quantum AI, donde trabaja junto a Michel Devoret, recientemente consagrado como Premio Nobel de Física. El qubit se basa, en cambio, en un fenómeno de la física cuántica: el llamado “spin” de un átomo, que puede estar en infinitas combinaciones posibles, de 0 y 1.
Computadora clásica
Computadora cuántica
Codifica la información en bits.
Codifica en qubits.
Guarda y lee datos como 0 o 1, sin superposición de uno sobre otro.
Permite la superposición de estados: el qubit puede estar en 0 y 1 al mismo tiempo. Esto permite resolver ciertos problemas de forma más eficiente.
Procesa información de manera secuencial o mediante múltiples procesadores.
Gracias a fenómenos cuánticos, puede explorar muchas posibilidades simultáneamente.
Es ideal para tareas cotidianas: navegar, escribir, jugar, procesar datos, etc.
Es especialmente prometedora para ciertos problemas muy complejos, como las simulaciones químicas, la optimización y la criptografía.
Tardaría décadas en modelar cómo una proteína específica podría bloquear un gen que combata cierta enfermedad.
Al modelar la estructura molecular con una mayor precisión y acelerar el descubrimiento de nuevos medicamentos, podría hacer que el diseño de un fármaco sea mucho más rápido.
Esto abre nuevas formas de procesar información: mientras que una computadora clásica guarda y lee datos como 0 o 1, una cuántica permite la superposición de estados (el qubit puede estar en 0 y 1 al mismo tiempo). En vez de ir casillero por casillero buscando qué dato está almacenado, una computadora cuántica trabaja con un árbol de posibilidades, visible por completo al mismo tiempo.
“Imaginate una moneda girando sobre la mesa; mientras gira, no es ni cara ni seca, sino ambas. Eso permite a la computadora cuántica procesar una cantidad de datos enorme en forma simultánea”, explica Ali Salvador Araujo, Scrum Master Sr de Baufest, empresa internacional de consultoría tecnológica y desarrollo de software, fundada en la Argentina, que hoy cuenta con un equipo abocado al estudio de la computación cuántica.
Araujo agrega que esto implica un “punto revolucionario” en salud y en la industria farmacéutica: dado que esta tecnología permitiría modelar la estructura molecular con mayor precisión, podría acelerar el descubrimiento de nuevos medicamentos. De esta forma, explica que “reduciría el tiempo de desarrollo de un fármaco de 10 años a tan solo meses. Así, sería posible desarrollar medicina personalizada”.
Pero la promesa es que los avances de esta tecnología no se limiten al ámbito de la salud, sino que también alcancen otras industrias, tales como la logística y el transporte. “Con la computación cuántica quizás estamos hablando de la quinta revolución industrial”, dice Araujo y señala que, en este escenario, sería posible desarrollar, por ejemplo, sistemas de rutas optimizados para barcos, acompañados de análisis que maximicen la capacidad de carga y almacenamiento, e incluso llegar a ahorrar hasta un 60% en emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera. Detalla que el impacto alcanzaría a la industria automotriz, desarrollando autos eléctricos con mayor capacidad de almacenamiento y autonomía, y al mundo aeronáutico, permitiendo construir aviones con material más ligero y optimizando el uso del combustible.
Incluso el mundo de las finanzas –donde el tiempo es dinero- se vería implicado: “La computación cuántica puede reducir procesos de cálculos de semanas a segundos; es capaz de predecir la tendencia del mercado con precisión”, detalla el experto de Baufest. En ese sentido, desde IBM detallan a LA NACION un caso de aplicación práctica, que desarrollaron junto a HSBC. Usando datos reales del mercado a escala de producción, trabajaron para optimizar las estrategias de bonos corporativos, es decir, para mejorar la precisión de predicción en la ejecución de operaciones. Cuando utilizaron los procesadores IBM Quantum Heron, lograron una mejora de hasta el 34% en el éxito de los trades, una muestra de que la computación cuántica puede ser una herramienta poderosa para modelar mercados financieros complejos.
En su hoja de ruta en relación al desarrollo de la computación cuántica detallan que, hacia 2029, esperan contar con el primer sistema de larga escala tolerante a fallos, algo muy importante en esta tecnología, que depende de sistemas que trabajan directamente sobre átomos de cesio o rubidio a muy bajas temperaturas y, por lo tanto, son muy sensibles a la interferencia externa. Por su parte, Cortiñas señala que, en 2015, cuando se recibió de físico en la UBA, era impensado poder hacer grandes sistemas cuánticos con control individual de alta fidelidad: “Hoy, yo hago experimentos a diario con más de 100 qubits, todos de altísima calidad, y estamos demostrando los objetos básicos a partir de los cuales una computadora cuántica útil puede ser construida”.
¿Un futuro cercano?
“Nuestra investigación confirma que la QT está ganando terreno en todo el mundo”, asegura el cuarto informe anual del Monitor de Tecnología Cuántica de McKinsey, publicado a mediados de 2025. La investigación también demuestra que los tres pilares fundamentales de la tecnología cuántica (computación cuántica, comunicación cuántica y detección cuántica) podrían generar, en conjunto, hasta US$97.000 millones en ingresos a nivel mundial para 2035. La computación cuántica captará la mayor parte de estos ingresos, pasando de US$4000 millones de dólares en 2024 a US$72.000 millones en 2035. Y no es todo: prevén que, para 2040, el mercado total de la tecnología cuántica podría alcanzar los US$198.000 millones.
Juan Pablo Paz -investigador superior del Conicet, nombrado por Unesco y la revista Quantum Zeitgeist como uno de los cien científicos que más aportaron al área de investigación y reconocido por estos organismos por haber creado un dinámico ecosistema de computación cuántica en la Argentina, explica que las inversiones en cuántica son enormes. “Google debe estar invirtiendo entre 500 y 1000 millones de dólares por año en computación cuántica; IBM no menos que eso”, explica el investigador.
Por su parte, desde IBM anunciaron a fines de mayo de este año que planean invertir más de US$10.000 millones en computación cuántica durante los próximos cinco años. Su objetivo es construir la primera computadora cuántica a gran escala, con fecha de entrega para 2029. Tendrá la capacidad de realizar cálculos complejos de forma fiable y sin errores. Además, precisan a LA NACION las ganancias que produjo esta tecnología al día de hoy: “Generamos más de US$1000 millones de ingresos, desde el inicio, en 2016, a principios de 2025”, detalla Alexandre Pfeifer, líder de Quantum en IBM para América Latina.
Pero, ¿puede hablarse hoy de un impacto real? El físico Federico Holik, investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas de Argentina, explicó que, actualmente, hay varias pruebas de supremacía cuántica relativamente sólidas, pero para problemas que no tienen utilidad práctica. En otras palabras, “hay experimentos muy concretos que muestran que las computadoras cuánticas actualmente existentes pueden realizar ciertas tareas que a las supercomputadoras clásicas parece costarles mucho (lo que se conoce como supremacía cuántica). Sin embargo, la utilidad práctica de dichas tareas es nula o cuestionable”, señaló Holik y explicó que, en ese sentido, aunque continuamente aparecen proclamas de empresas que afirman que ya hay ventaja cuántica (que puedan realizar una tarea de relevancia comercial o aplicaciones prácticas), “son mentira o confusiones”. Al mismo tiempo, advirtió: “Eso no quita que en los próximos años no se descubran nuevos algoritmos que permitan extraer utilidad práctica de los dispositivos actuales. Si eso efectivamente ocurrirá, o no, simplemente, no lo sabemos”.
En la Argentina, la tecnología desembarcó hace pocos meses: la Universidad de Hurlingham se convirtió en noticia cuando anunció la llegada de la primera computadora cuántica a sus aulas. “Es un equipo sencillo, con poco volumen de procesamiento (tan solo 3 qubits), pero que permitirá enseñar esta tecnología en la universidad”, explica Araujo.
El investigador Juan Pablo Paz, que también es profesor de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, fue uno de los primeros investigadores de esta temática en la Argentina y la sigue de cerca desde 1992. Incluso armó una computadora cuántica de tres qubits, en 2002, junto a un colega, hecho que fue reconocido y publicado en la revista científica Nature. Comenzó a hablar de esta tecnología cuando se dieron a conocer los primeros resultados de Peter Shor, el matemático que demostró que si existieran las computadoras cuánticas se resolvería un problema matemático que es muy difícil para las computadoras normales: encontrar los factores primos de números enteros, algo que abría las puertas a la posibilidad de hackear la forma de encriptación actual. De esta forma, “Shor descubría que todo el comercio electrónico sería vulnerable, los mails podrían ser leídos”, traduce Paz.
Más allá del potencial y de su minuciosa investigación, el investigador fue terminante en su visión sobre el tema: “El 2025 fue el año internacional de la ciencia y tecnología cuántica, y hubo un evento importante, al que invitaron a figuras reconocidas del sector, entre los que se encontraban algunos ganadores de premios Nobel. En ese ámbito se dijo públicamente algo que comparto: no hay ningún problema práctico importante que hoy sea resuelto por una computadora cuántica. Las computadoras de este tipo que hoy existen se podría decir que todavía no sirven para nada. Sirven, pero porque son un escalón en el camino para llegar a sistemas más complejos”. Enfatiza que, actualmente, una computadora clásica funciona más eficientemente que una cuántica y opina que gran parte de los anuncios de los gigantes tecnológicos son, en realidad, maniobras de posicionamiento para proyectar una imagen de vanguardia tecnológica.
Explica que, a futuro, podrían traer potenciales soluciones, pero cree que faltan al menos 10 años para eso. En números concretos, precisa que, hoy, las computadoras de IBM y Google tienen alrededor de 150 bits cuánticos. “Pero para romper el código de encriptación secreto, necesitás decenas de miles de qubits; tenés que pasar de 100 a 10.000, por ejemplo”, detalla el investigador, quien agrega que, en la Argentina, existen dos grandes laboratorios que hoy estudian esto: el Instituto de Investigaciones Científicas y Técnicas para la Defensa (ex Instituto de Investigaciones Científicas y Técnicas de las Fuerzas Armadas, también llamado CITEFA) y el Laboratorio de Iones y Átomos Fríos (LIAF) de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA. Alude al código de encriptación, ya que, la computación cuántica podría atacar a todos los sistemas que utilicen el algoritmo de encriptación RSA, un protocolo ampliamente utilizado en el sistema financiero. Aunque es importante aclarar que, dado que todavía no se ha logrado en lo técnico, no se sabe 100% si esto va a prosperar; además, el sistema financiero podría tomar contramedidas en caso de que se tenga seguridad de esto, es decir, migrar a otros protocolos de seguridad informática que sean resistentes a ataques de computadoras cuánticas.
Cortiñas explica que hoy existen algunos problemas concretos que se pueden resolver con las computadoras cuánticas actuales. Algunos tienen que ver con hacer muestreos de distribuciones estadísticas, que se vuelven inmanejables para las computadoras clásicas. Otros problemas se vinculan con el cálculo de cantidades físicas que no sabemos calcular o medir de otra manera. Ahora bien, aclara que estos problemas, ya resueltos, tienen aplicaciones limitadas y están trabajando para encontrar aplicaciones directas con utilidad. “Actualmente, el objetivo que hay que alcanzar para desbloquear usos ampliamente útiles es el desarrollo de una computadora a prueba de fallas. Está demostrado que tenemos control sobre enormes conjuntos de qubits, pero estos qubits tienen pequeñas fallas”, explica Cortiñas.
“Hoy en día es un problema de ingeniería; ya no se trata de un desafío científico; sabemos que existe una tecnología, que nos va a llevar a una computadora que tendrá ventajas sobre computadoras clásicas. No es hype, creo que va a pasar”, concluye Pfeifer.