Motosierra 2, el delicado punto de inflexión de Milei

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Gobernar es el arte de crear problemas y mantener a la población en vilo con sus soluciones, ironizaba el poeta Ezra Pound. Después de haber realizado el “mayor ajuste de la historia”, Javier Milei se ve obligado a repetir la hazaña y a lanzar a tambor batiente el plan Motosierra 2, aunque sabe de sobra que segundas partes nunca fueron buenas. Recortará casi 2,5 billones de pesos, pero no de la “casta política” sino principalmente de la educación, la salud y la ciencia. Sufrirán, entre otros, la alfabetización, la infraestructura escolar, los medicamentos para pobres, los programas de prevención del cáncer y otras enfermedades; los fondos para trasplantes y las transferencias a provincias para rutas y para ayudas a personas y asignaciones familiares. Los expertos aseguran que la poda incluirá todo el esquema de defensa y llegará al sistema penitenciario, la Policía Federal y hasta Gendarmería, incoherente todo esto con la declamada lucha a favor de la soberanía y la seguridad y contra el narcotráfico, aunque se privilegiarán -eso sí- los abultados fondos de la SIDE. Un primer ejemplo al paso: el Banco Nacional de Datos Genéticos -organismo de gran prestigio internacional, entre otras muchas cosas, por la búsqueda de bebés robados durante la dictadura militar- ya les avisó a fiscales y jueces que no podrá llevar adelante ninguna medida judicial de toma de muestras biológicas. La guadaña de Milei es tan filosa y amplia que todavía se desconoce con exactitud el impacto profundo en cada área y los efectos reales que traerá aparejados. Pero pronto lo sabremos, puesto que es dable imaginar el desfile incesante no de ñoquis sino de profesionales y de víctimas inocentes con historias verdaderas y dramáticas que circularán por las redes sociales y los medios de comunicación en las próximas semanas. El hecho sucede cuando, según todas las encuestas, cunde mayoritariamente el desaliento social y cuando a una gran parte de los argentinos el agua ya les llega al cuello. Les han jurado enfáticamente en abril (Milei lo hizo) que “lo peor ya pasó”, pero resulta que tampoco eso era cierto. Hay una tentación a pensar que el Topo que Vino a Destruir el Estado tenía previsto este nuevo zarpazo, y que seguirá deliberadamente con otros hasta que no quede nada en pie, pero la verdad es que eso implicaría hacerle un favor y encubrir mera impericia con grandilocuente ideología. Es más creíble que “el mejor plan del universo” tenga serios defectos de diseño y que las cosas no estén funcionando bien: la baja de la actividad y del consumo redundó en la caída de la recaudación y, para volver a conseguir equilibrio fiscal, se necesita un nuevo tijeretazo y un renovado y doloroso sacrificio. Que probablemente será también recesivo, con lo que es lícito pensar a su vez que quizá el Gobierno seguirá mordiéndose la cola, en esta espiral autodestructiva, y que continuará amputando brazos y piernas para mantener el peso estable en la balanza. Como sea, se trata de un punto de inflexión para la administración libertaria, puesto que pone a prueba el grado de tolerancia de los ciudadanos de a pie, arrojados al malestar y a la mishiadura persistente, al borde de la desesperanza, y -sobre llovido mojado- frente al tétrico espectáculo de todas esas tristes consecuencias, encarnadas por personas de carne y hueso, y representadas por la escandalosa cancelación de prestaciones moralmente importantes y operativamente necesarias. En muchas sobremesas de las clases medias ya el oficialismo comienza a ser indefendible. No invotable, porque eso no se juega en el presente sino en el futuro, que nadie conoce con certeza, y siempre por oferta y contraste: el voto del mal menor. Pero se percibe en la Argentina un divorcio dentro del republicanismo popular. Se trata también de un gran malentendido histórico: algunos querían un republicanismo “a la española”, centrista y sensato, adosado a una democracia virtuosa; otros anhelaban una revolución argenta al estilo norteamericano, pero más cercano a los extremos del Tea Party y las ideas reaccionarias y populistas de Murray Rothbard. Milei está perdiendo a los primeros republicanos, para quienes dinamitar por completo el Estado es un delirio: jamás pensaron seriamente que esa aberración -en ningún país del mundo prima semejante criterio- podía bajar de la exaltada retórica a la fría realidad, así como nunca se tragaron el cuento de que el expanelista implementaría la dolarización o detonaría el Banco Central. Una cosa es el orden fiscal, otra es directamente la devastación estatal por mala praxis o por una concepción snob y maximalista, algo inadmisible para el común de la gente.

En muchas sobremesas de las clases medias ya el oficialismo comienza a ser indefendible

La operación salvaje y mentirosa contra la educación pública en todos sus niveles es un misil bajo la línea de flotación del modelo sarmientino. Sandra Pitta, por poner un caso, ya descubrió que los libertarios no son verdaderos liberales: no creen en la ciencia básica y desprecian a los científicos y a los docentes universitarios, y los condenan a salarios lastimosos. El actor Marcelo Mazzarello, defensor inicial de este proyecto político, descubrió en carne propia los problemas del desfinanciamiento que los libertarios les está infligiendo a los pacientes del PAMI y de los hospitales públicos: juró que no volvería a votar por el Descabellado.

Una cosa es el orden fiscal, otra es directamente la devastación estatal por mala praxis o por una concepción snob y maximalista, algo inadmisible para el común de la gente

Las inminentes repercusiones del programa Motosierra 2 -el ajuste después del ajuste- llegan justo cuando esta sociedad exhausta e irritada está comenzando a descreer de las pócimas del hechicero económico, que para colmo autolesiona día a día su propia autoridad moral. No solo la saga Adorni continúa deteriorando el relato de austeridad: todas las semanas suben a la superficie nuevos personajes del elenco oficial y ratifican su pertenencia a la casta más descarada, como el exhibicionista Manuel Quintar, diputado nacional que se hizo multimillonario medrando con el Estado jujeño y con el kirchnerismo, ostentando su camioneta Tesla Cybertruck mientras las redes sociales lo mostraban abrazado a Milagro Sala y luego expresando su conmovedor deseo de dar la “batalla cultural” a favor del anarcocapitalismo. El mismo súbito altruismo se apoderó del alma pura de Alejandro Álvarez, hijo de Guardia de Hierro que hizo toda su carrera en el peronismo más corporativo y que de pronto hace méritos a los gritos en televisión para que los hermanos Milei lo acepten en el paraíso. Otro espectáculo penoso consiste en el grado de deshumanización y de indolencia personal de algunos exrepublicanos, otrora sensibles y puntillosos, frente a los guturales desatinos y los groseros disparates que dispensó este jueves el Presidente en dos canales de streaming. Muchos de los que hoy guardan silencio y fingen demencia frente a estas demostraciones lamentables y peligrosas, antes luchaban por un país normal. Ahora son parte del manicomio.

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