Por qué los hombres romanos llevaban el pelo corto y las mujeres preferían pelucas rubias

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En la Antigua Grecia y Roma, el pelo no era un detalle estético más: era un lenguaje social, político y cultural en sí mismo. Un estudio del equipo de dermatólogos de la Charité de Berlín, publicado en el Journal of Investigative Dermatology Symposium Proceedings, revisó esculturas, monedas y cerámicas de la época y concluyó que los peinados funcionaban como una especie de “biografía visible”. El largo o corto, su forma o su tratamiento podían indicar estatus social, ideales de belleza, creencias religiosas e incluso estados de ánimo. Dentro de ese universo simbólico, los romanos adoptaron el pelo corto en los varones y las mujeres desarrollaron una verdadera cultura de la transformación capilar, donde las pelucas rubias ocuparon un lugar central.

En los primeros tiempos de Grecia, los hombres llevaban el pelo largo, asociado a la fuerza vital. También griegos, asirios y persas consideraban el cabello una fuente de vida, al punto de ofrecer mechones a los muertos como sacrificio. Sin embargo, a partir del siglo V a.C. se impuso un cambio: el auge de la vida atlética volvió funcional el cabello corto, dando lugar al “peinado atleta”, con las orejas despejadas y un estilo más práctico. Esa tendencia se expandió luego hacia el mundo romano. El pelo corto en los varones no solo respondía a la comodidad, sino también a un ideal de disciplina, juventud y control del cuerpo, reforzado por figuras como Alejandro Magno, que popularizó estilos más prolijos y marcó una transición estética en todo el Mediterráneo.

El pelo era un símbolo de estatus e identidad (Foto: Berlin Antikensammlung)

Mientras tanto, las mujeres griegas mantuvieron el cabello largo, elaborado y cuidadosamente peinado en trenzas, moños y estilos como el “melón”, donde el pelo se dividía en secciones que recorrían la cabeza. Con el tiempo, el cuidado capilar se volvió cada vez más sofisticado: rizadores de marfil, horquillas, redes de oro y el uso de tintes, cera de abeja y aceites eran habituales. Sin dudas, el cabello dejó de ser solo natural para convertirse en una construcción: se usaban tenacillas para rizarlo, mezclas para cambiar su color y, sobre todo, pelucas.

El pelo como símbolo: identidad, poder y estatus en la Antigüedad

El peinado de una dama romana de la época Flavia

Entre las más codiciadas estaban las pelucas rubias, confeccionadas con cabello de prisioneras germánicas. El rubio se convirtió en un símbolo de estatus dentro de Roma, asociado a lo extranjero y lo deseado. En una sociedad donde el peinado podía cambiar según la ocasión, Petronio incluso registró el uso de pelucas para salidas nocturnas, mostrando hasta qué punto la identidad podía ser modificada.

Los peinados reflejaban los ideales de cada época

En la alta sociedad romana, la complejidad capilar llegó a extremos llamativos. Durante la dinastía Flavia, los peinados femeninos alcanzaron formas casi arquitectónicas, con estructuras altas sostenidas por soportes y elaboradas construcciones de rizos. Sin embargo, más allá de la extravagancia, todo respondía a la misma lógica: el cabello como símbolo de poder, pertenencia y representación social. Así, lo que hoy podría parecer una cuestión de moda, en la antigüedad era una declaración visible de quién era cada persona y qué lugar ocupaba.

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