Durante mucho tiempo, los autos con caja automática eran vistos como un producto de nicho. Además de tener precios más elevados, arrastraban una reputación asociada a mayores consumos, costos de mantenimiento más altos y menor confiabilidad frente a las tradicionales transmisiones manuales.
Sin embargo, ese escenario comenzó a modificarse con fuerza en la última década. La evolución de las cajas automáticas —desde las convencionales hasta las CVT, DSG o de doble embrague— permitió mejorar la eficiencia, reducir consumos y ofrecer una experiencia de manejo mucho más confortable, especialmente en el tránsito urbano.
La pregunta que nunca hay que responder en un control de tránsito
Ese cambio tecnológico coincidió además con un crecimiento de la oferta y una posterior caída relativa de precios en el mercado de usados. Como resultado, hoy es posible acceder a varios modelos automáticos de 2016 por cifras inferiores a los $25 millones, e incluso por menos de lo que cuesta un auto 0km de entrada de gama.

De acuerdo con valores relevados por la Cámara del Comercio Automotor (CCA) sobre operaciones y publicaciones del mercado de usados, estos son algunos ejemplos de modelos automáticos patentados en 2016 que actualmente se consiguen en ese rango de precios:
- Citroën C4 Lounge 1.6 THP Tendance 6AT: $12.408.000
- Peugeot 208 1.6 Allure Tiptronic: $13.146.000
- Nissan Sentra 1.8 SR CVT: $13.273.000
- Chevrolet Tracker 1.8 LTZ AT: $14.910.000
- Honda Fit 1.5 EX AT: $15.261.000
- Toyota Etios 1.5 XLS 4AT: $15.373.000
- Chevrolet Cruze 1.4T LTZ AT: $15.963.000
- Ford Focus Kinetic Design 2.0 SE Plus AT: $16.266.000
- Toyota Corolla 1.8 XLI CVT: $16.292.000
- Volkswagen Vento 2.0 TSI GLI DSG: $22.272.000
La variedad también refleja cómo evolucionaron las transmisiones automáticas en aquellos años. Mientras algunos modelos utilizaban cajas automáticas tradicionales con convertidor de par, otros comenzaron a incorporar tecnologías más modernas como las CVT de variación continua o las transmisiones de doble embrague.
En el caso de Toyota y Nissan, por ejemplo, buena parte de sus modelos ya apostaban por cajas CVT orientadas a priorizar suavidad y consumo contenido. Volkswagen, en cambio, impulsaba las DSG de doble embrague con un enfoque más deportivo y cambios extremadamente rápidos, mientras que marcas como Peugeot y Citroën utilizaban cajas automáticas convencionales de seis velocidades desarrolladas junto a proveedores europeos.

Además del confort, otro factor que impulsó la popularidad de estos vehículos fue la mejora en la eficiencia. Las cajas modernas comenzaron a trabajar con más relaciones, electrónica más sofisticada y mejores calibraciones, permitiendo reducir consumos respecto a generaciones anteriores. En algunos casos, incluso lograron igualar o superar los registros de versiones manuales.
La tendencia también cambió culturalmente el mercado argentino. Si hace una década la caja automática era vista como un “lujo”, hoy se transformó en una configuración cada vez más demandada, especialmente en SUV y vehículos medianos. De hecho, muchos modelos actuales ya concentran la mayor parte de sus ventas en variantes automáticas.
