Recorremos un piso ubicado frente a la obra máxima de Clorindo Testa

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Algunos reencuentros cierran círculos y otros los abren virtuosamente, como en esta reforma que llevó adelante la arquitecta Milagros Loitegui junto con el estudio Escalante Vela, y en sociedad con su madre, María Silvia Loitegui, para la decoración.

En el hall de entrada, el espejo y la araña heredados se combinaron con una moderna consola de madera. El parquet de roble de Eslavonia se pulió hasta su tono más claro para ganar luminosidad.

Hace 25 años, la pareja había convocado a madre e hija para el interiorismo de su vivienda y, mucho después, volvieron convertidos en una familia de cuatro con un nuevo desafío: hacer su hogar en un departamento frente a la Biblioteca Nacional. Así, los muebles y objetos que eligieron entonces reaparecieron en escena trayendo una pregunta para el equipo: ¿cómo dialogarían aquellas elecciones con su visión actual?

Detrás de los sillones tapizados en pana amarilla, un cerramiento de vidrio plegable integra el escritorio

La arquitecta y su madre, María Silvia Loitegui, decoraron otra casa de los dueños. “Nos reencontramos con cosas que habíamos elegido hacía mucho. Fue gratificante confirmar la nobleza de esas piezas, que pudimos incorporar en un nuevo tiempo y espacio”.

Mesa de madera maciza, una alfombra que fue regalo de bodas y biblioteca empotrada

Comenzaron por modernizar una planta que requería cambios profundos en la distribución y las entradas de luz. “Trabajamos mucho en la funcionalidad. Me gusta la idea de refugio, que los clientes entiendan la casa, que la sientan propia”, amplía Milagros, quien pudo responder al interrogante con un resultado que confirma aquello a lo que apuesta en cada proyecto: el buen diseño es para siempre.

Sobre el sofá tapizado en pana azul, una litografía de Alicia Penalba rodeada de pinturas de pequeño formato. Alfombra rústica (Rugit) y mesas bajas en madera laqueada con patas torneadas

Mirador de lujo

El comedor exterior es bajo para no obstruir esta perspectiva privilegiada de la Biblioteca Nacional. Un revestimiento exterior espejado duplica las vistas, que llegan hasta el río.

El balcón se remodeló entero con piso de mármol blanco y mesada de apoyo para la parrilla

Actualizar la distribución requirió la reforma de toda la planta, pero la espectacular vista de este piso 9 no admitía dudas. En su primera visita la arquitecta Milagros Loitegui fue categórica: “Cómprenlo, acá hay mucho potencial”.

La fachada lateral de la Biblioteca Mariano Moreno con su imponente volumen en voladizo

Tiempo circular

Piso granítico, amoblamiento gris cálido con alacenas espejadas para maximizar la luz de esta cocina interna

El mayor objetivo del proyecto consistió en que sus múltiples intervenciones fueran tan respetuosas de la arquitectura original que no resultara posible distinguir lo nuevo de lo existente.

Isla y mesadas de Silestone

En el comedor se reprodujo la moldura de los otros ambientes para máxima cohesión.

Con la referencia del comedor anterior de los clientes, rodeado de bibliotecas, nació este espacio contenido por el mural “El silencio” (Tinta Chini), que inspiró el tono de las sillas de pana y las cortinas

Diseño para la vida

Guiado por la idea de la calma, el cuarto principal tiene ropa de cama de lino (Angelina Linen) y fue entelado en rafia natural, un material que además de sumar textura, favorece la acústica

Buscamos adecuar los ambientes y el mobiliarioa la dinámica de una familia joven, optando siempre por decisiones un poco improbables para darle ese toque cálido y contemporáneo

Arquitecta Milagros Loitegui, responsable de la reforma

En el toilette, entelado con un género rayado, se incorporó un mueble pintado con inspiración china, mesada de mármol (De Stefano) y espejo circular

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