Tras una semana de alto voltaje político, cargada de errores no forzados, el bloque libertario del Senado vive su hora más crítica. La sesión del último jueves volvió a exponer las feroces internas que atraviesan al gobierno de Javier Milei y dejó al descubierto el fuerte impacto que esas disputas pueden tener a futuro para el oficialismo en un Congreso que parecía haber vuelto a controlar tras el triunfo en las elecciones legislativas del año pasado.
“Hemos tocado fondo, más bajo no podemos caer, creo. Ahora sólo resta empezar a subir”, le dijo a LA NACION, con un tenue dejo de optimismo, un senador oficialista que abandonaba, vencido, el Senado tras participar de la reunión de bloque convocada por la jefa de la bancada, Patricia Bullrich (Capital), después de terminada la sesión del jueves. Esta vez no hubo foto grupal en el recinto con la tropa sonriente por el deber cumplido.
En ese momento, la aprobación del pliego de María Verónica Michelli sobre tablas y a contramano de los deseos de Milei y de su hermana y secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, era una herida a flor de piel y una noticia que corría como reguero de pólvora mostrando un nuevo fracaso parlamentario del Gobierno.
Sin embargo, el encuentro post sesión, que duró apenas media hora, fue un juego de niños comparado con la que habían vivido los mismos protagonistas apenas 24 horas antes, cuando reproches y críticas contra Bullrich estuvieron a la orden del día. El sector ultra oficialista alineado con los mandatos de la jefa del partido tomó la iniciativa en sus quejas a la jefa de la bancada.
Las acusaciones de “personalista” y de estar jugando su propio partido y no el del proyecto del Presidente se repitieron en varias de las intervenciones que tuvo la reunión, en particular las de Nadia Márquez (Neuquén) y Joaquín Benegas Lynch (Entre Ríos).

Algunos testigos del encuentro dicen que el debate fue a los gritos, otros aseguran que no fue tan así, que las duras imputaciones a la exministra de Seguridad fueron realizadas con vehemencia, pero manteniendo las formas.
La causa de la disputa fue la decisión de Bullrich de anunciar, el lunes último, que iba a hacer uso de su “objeción de conciencia” para no cumplir con el mandato del jefe del Estado, que había ordenado vetar a Michelli por el “pecado” de ser la cuñada del periodista de LA NACION Hugo Alconada Mon, quien publicó varias notas con detalles reveladores sobre la estafa conocida como caso $LIBRA.
El anuncio operó como una bomba política para todo el oficialismo, mucho más cuando se supo, al día siguiente, que en su conversación con Milei la jefa de la bancada había puesto su renuncia a disposición del jefe del Estado, tal como reveló LA NACION.
Para el momento del desplante de Bullrich, el caso Michelli ya venía convertido en un compendio de errores no forzados. Primero, por la decisión del presidente de la Comisión de Acuerdos, el menemista y, por carácter transitivo, karinista Juan Carlos Pagotto (La Rioja), de esconder el dictamen de la candidata, a pesar de que tenía las firmas necesarias, por pedido del Poder Ejecutivo.
La publicación en LA NACION de la conducta de Pagotto y del malestar de los senadores que habían apoyado el pliego por el virtual secuestro de un documento público fue el detonante que puso al caso Michelli en la vidriera de la política nacional y abrió las puertas del infierno político para el oficialismo.
En algunos despachos libertarios apuntaron sus quejas a Bullrich por haber “armado mal” la Comisión de Acuerdos. Que la oposición dialoguista pudiera formar mayoría sin necesidad del oficialismo, como demostró el dictamen de Michelli, fue el ejemplo más palmario.

Otros, ubicaban el inicio del fiasco en la selección de los candidatos. “No necesitaban un aparato de inteligencia para esto, con buscar en Internet o preguntarle a Chat GPT podrían haberse enterado de quién era Michelli antes de enviar el diploma”, dijeron cerca de la conducción del bloque con la mira puesta en al ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, y en Karina Milei, que fue quien lo puso es ese sitial.
“Es fácil saber quién es el culpable. Después de cada quilombo hay que escuchar a la mañana siguiente cierto programa de radio: el que aparece ese día hablando en el estudio, ése es el ‘asesino’, el que necesita blanquearse. Después de la pelea por los tuits de la cuenta “periodista Rufus” apareció Martín Menem. Ahora, fue Mahiques el entrevistado. No falla”, comentó un senador oficialista, harto de la intoxicación provocada por la interna del Gobierno.
Si la semana empezó movida con la “objeción de conciencia” de Bullrich del lunes, las 24 horas previas a la sesión fueron a puro vértigo. Cuando parecía que todo se encarrilaba y que Michelli quedaba para otro momento, en Casa Rosada estallaron de odio cuando se enteraron que, según lo acordado por la jefa de la bancada ante sus pares del Senado, el tratamiento del pliego de Emilio Rosatti, hijo del presidente de la Corte Suprema de Justicia, Horacio Rosatti, iba a quedar postergado para la próxima sesión.
La noticia activó las alarmas de la interna. En el “karinismo” comenzó a circular la peor sospecha: Bullrich y Caputo complotados en contra de los acuerdos sellados por Mahiques a pedido de la hermana presidencial.
La realidad, como siempre, es mucho más sencilla. Lo contó el peronista Fernando Salino (San Luis) durante la sesión y nadie lo desmintió.
Durante la reunión de labor parlamentaria del miércoles, Bullrich planteó que se traten todos los pliegos menos el de Michelli, cuyo dictamen el oficialismo aceptó presentar recién ese día. “No podemos dejarla sola a Michelli, va a quedar claro que la están dejando de lado”, planteó el misionero Martín Goerling, presidente del bloque Pro. “Bueno, tratemos 50 pliegos mañana y el resto con Michelli”, concedió la senadora libertaria.
Sin embargo, desde el peronismo exigieron saber la lista de los acuerdos que iban a entrar. Apremiada por la dinámica de la reunión, Bullrich dijo que tomaran la lista de órdenes del día, contaran cincuenta y ahí trazaran una línea; el resto pasaba para otro día. Así fue cómo el hijo de Rosatti había quedado afuera de la lista. El resto, las teorías conspirativas, fueron producto de la interna sin fin del oficialismo.
