Experimentando en carne propia aquello de “cosecharás tu siembra”, Silvestre Dangond se encuentra atravesando una de las etapas más fructíferas y satisfactorias de su dilatada carrera. Esa fue la vívida sensación que denotó su rostro a lo largo del distendido y agradable encuentro que mantuvo con LA NACION. Y vaya si tiene motivos para sentirse de ese modo.
Luego de sus visitas de 2019 y 2024, el cantante, compositor, actor y conductor televisivo colombiano que reside actualmente en Miami vino a presentar “El baile de todos World Tour”. Considerada la gira de vallenato más exitosa de la historia, ya colmó estadios en su Colombia natal y Estados Unidos y antes de poner proa hacia Europa recala este 22 de mayo en el Movistar Arena y el 23 en el Quality Arena de Córdoba.
“Cada gira es para mí un nuevo comienzo, dándole vida a renovadas ideas y sentimientos en esta historia que ya lleva veinticuatro años. Se titula ‘El baile de todos’ precisamente porque es un evento inclusivo, abierto a todas las generaciones y con distintos invitados”, detalla Silvestre Dangond, quien luego completa: “Es una celebración que me está dando muchas cosas bonitas; desde reencontrarme con el público hasta superar mis propios miedos y sentirme más seguro de mí mismo y con una base más sólida. Me di cuenta que a pesar del éxito y del reconocimiento de estos últimos años no todo está resuelto y que hay que seguir adelante manteniendo un equilibrio”.
–¿Esperabas una repercusión semejante con El último baile, tu más reciente álbum, o todo te tomó por sorpresa?
–Me tomó absolutamente por sorpresa. Y es muy bonito que haya sido así porque en un mundo donde todo es tan asequible e inmediato se ha perdido la mística del trabajo y del esfuerzo. Parecería que todo tiene que ser aquí y ahora. Si pasó todo esto con mi último disco es porque Dios y el destino me lo tenían guardado y me lo merecía. Es un regalo que agradezco mucho pero sé que debo seguir trabajando y no quedarme en los elogios.
–Este gran presente personal se enmarca además en un excelente momento de la música colombiana en general. ¿Estás de acuerdo?
–Sí, los artistas colombianos que han surgido en estos últimos quince años han liderado mercados internacionales y eso está muy bueno. Aunque para mí, lo más importante es contar con la oportunidad de que el vallenato como género alcance cada vez mayor popularidad conmigo batallando, mostrando y trabajando para que así sea. Creo que el resultado se va a ver dentro de muchos años a través de los artistas que vengan detrás. Así que espero que disfruten de todo el trabajo que estamos realizando.
Nacido hace 45 años en el municipio colombiano de Urumita, Silvestre Francisco Dangond Corrales, tal su nombre completo, heredó la pasión por la música y en particular por el vallenato de su padre, un destacado cantante conocido como William “El Palomo” Dangond Baquero. En tanto, el carisma y la simpatía que lo caracterizan constituyen un legado directo de Dellys Corrales Rojas, su madre.

Dueño de una trayectoria cercana a los veinticinco años y con más de quince álbumes editados, el ganador de cuatro Latin Grammy y creador de hits tales como “Cásate conmigo”, “Niégame tres veces”, “Las locuras mías”, “Cómo lo hizo” y “Materialista” se trasladó poco después a Bogotá. Allí se fue haciendo de un lugar destacado dentro de la escena local del vallenato para luego trascender internacionalmente a partir de la fusión con el pop, el reggaetón y demás ritmos latinos contemporáneos. Este crossover no sólo le permitió demostrar una amplia versatilidad artística sino también la concreción de un fluido ida y vuelta con distintas generaciones.
“Lo de fusionar al vallenato con otros ritmos latinos fue influencia directa de Carlos Vives. Él nos enseñó a todos que el vallenato era tan amplio que podía fundirse con otros estilos tanto folclóricos como modernos”, explica Dangold. “Desde mi cuarto álbum yo venía dándole vueltas al asunto pero no de manera muy explícita. De todos modos, en cada disco que grabé siempre fui probando un poquito por acá, otro poco por allá hasta que se me dio la oportunidad de poder decir ‘quiero hacer esto’ y ahí me solté totalmente a nivel musical. Sin embargo, más allá de las innovaciones, me gusta cada tanto volver a mis raíces y conservar un equilibrio entre lo tradicional y lo moderno”.
–¿Cuál fue la reacción de tus primeros fans, quizás más ortodoxos o tradicionalistas del vallenato, ante este notorio giro en tu carrera?
–Avanzar y salir de la zona de confort siempre cuesta. Pero cuando decides tomar ese camino tienes que saber soportar los comentarios adversos. Para mí, esas críticas fueron importantes, necesarias y me sirvieron mucho. Es bonito que la gente tenga una voz de reclamo y diga “no me gusta lo que haces, no queremos que cambies”. Suena quizás un poco egoísta de su parte, pero ese egoísmo, que en realidad no es tal, no significa que no te quieran ver crecer sino que les dejes de dar lo que siempre les has dado. A mí me sirvió mucho atravesar esa instancia porque gracias a ella pude identificar mejor y respetar los gustos de las distintas generaciones. Por eso, hoy en día mis conciertos se han convertido en un entretenimiento muy popular.
–Esta apertura te permitió también colaborar entre otros reconocidos artistas con Thalía, Sebastián Yatra, Manuel Turizo, Luciano Pereyra, Fonseca y Emilia Mernes. A propósito, ¿cómo resultó la experiencia de grabar “Vestido rojo” junto a ella?
–Emilia está en un momento pleno de su carrera. Es una persona muy receptiva y aceptó mi invitación desde un primer momento. Recuerdo que cuando me puse en contacto con ella le dije: “yo sé que en tus inicios eras una cantante de cumbia y eso es precisamente lo que quiero que hagas en esta canción”. “Ah, perfecto”, me contestó ella y así grabamos “Vestido rojo”. Finalmente, logramos una fusión muy interesante porque no se trata de una cumbia argentina ni tampoco colombiana; más bien es una cumbia universal. Colaborar con otros artistas siempre es gratificante porque me saca de lo cotidiano y me desafía a navegar por aguas a las que no estoy acostumbrado.
–¿Qué es y qué tipo de tareas desarrolla Funsicog (Fundación Silvestristas de Corazón Grande)?
–Es una organización sin fines de lucro que nació por iniciativa de mis propios fans en medio de circunstancias difíciles para los niños en Colombia. Por ejemplo, cuando llega el invierno, en caso de desastres naturales, cuando aparece algún niño con una enfermedad o una escuela con necesidades ahí está la fundación para brindar su ayuda. Fueron mis seguidores en realidad los que me motivaron a crear Funsicog y ellos mismos son los que la sostienen. Nos apadrinamos mutuamente y estamos muy orgullosos de todo lo que conseguimos hasta ahora. Es un trabajo silencioso y que no precisa ni persigue estar todo el tiempo en la vitrina para ser reconocido.
–¿Pensás retomar en algún momento tu carrera como actor y presentador de televisión o la música se convirtió en tu prioridad?
–La verdad es que por ahora no tengo pensado retomar ese camino. Yo trato de vivir de acuerdo a las metas que nos hemos trazado en estos últimos tiempos. Pero si llega una oportunidad interesante le daré la bienvenida nuevamente. Todos esos son regalos que te da la industria del entretenimiento y no pienso descartar la idea de volver a actuar porque en su momento me gustó mucho.
–Y volviendo a lo musical, ¿existe ya algún esbozo de lo que será tu próximo álbum?
–Para nada. No estoy pensando en eso. Todas mis energías y mi cabeza están puestas en tratar de llevar adelante este ritmo de conciertos y disfrutarlos al máximo. Pensar mucho en el futuro te quita el disfrute del verdadero presente que es vivir el día a día.
