Aunque su presencia no estaba confirmada, Mette-Marit (52) acompañó a su marido, el príncipe Haakon (52), en la recepción que se les brindó a los atletas noruegos que participaron en los Juegos Paralímpicos de Milán-Cortina 2026, y por primera vez llevó en público un suministro de oxígeno –sólo se la había visto con cánulas nasales en salidas privadas– que la ayudaba a respirar (desde 2018 padece fibrosis pulmonar).


También estuvieron presentes la princesa Ingrid (22), que está estudiando en Australia, y el príncipe Sverre (20), en una clara imagen de unidad familiar: la monarquía noruega ensaya una nueva arquitectura interna tras el escándalo por el proceso judicial que enfrenta su hijo Marius Borg (29), imputado por más de treinta delitos (fue enjuiciado y continúa en prisión a la espera de una sentencia), y la aparición de evidencia que señala la amistad de la futura reina con Jeffrey Epstein.

