Cinco triunfos maquillan, tranquilizan, incluso motivan. Pero no cambian la raíz. River había armado una hilera de victorias que le permitieron postergar la charla sincera. El superclásico lo expuso nuevamente. Le alcanza y hasta le sobra con los débiles, le falta con los fuertes. Así sucede desde hace años. En 2025, contra Libertad de Paraguay se clasificó, Palmeiras lo frenó. Ahora ya no tiene la vara de los candidatos de la Copa Libertadores. El concepto no cambia. Un par de lesionados descubren los problemas, que aparecen para armar la formación.
El avance institucional no se reflejó en lo futbolístico. La infraestructura mejorada contrasta con la vitrina estancada. El estadio luce imponente, el plantel no reluce. Tiene jugadores para ganar la mayoría de los partidos que juega. Le faltan, sobre todo de mitad de cancha en adelante, esos futbolistas de nivel y personalidad fuerte para los encuentros determinantes. A Boca, es cierto, le había ganado hace un año. Y el domingo por lo menos podría haberle empatado si le cobraban el discutido penal. Pero el fútbol, aun con su ilógica, acomoda los tantos para que el maquillaje no sea indeleble.

Para recuperar definitivamente la jerarquía, River necesita tiempo. Así que se dispusieron a profundizar sobre algo más rápido, la actuación del árbitro y el VAR. La declaración de Eduardo Coudet post partido había sido leve, apenas comparó la falta de Maximiliano Salas a Ayrton Costa cobrada con el desplazamiento de Lautaro Blanco a Lucas Martínez Quarta no sancionado; no debe haber querido quedar como quien sólo justifica la derrota en la actuación arbitral. Se aplaude si fue así. En la semana no se escuchó ni al presidente Stefano Di Carlo ni a otro dirigente ni a Enzo Francescoli. Pero sin declaraciones públicas, River se movió. Desplegó sus posibilidades de amplificar un mensaje. Tiene esa capacidad.
Alguna nota sin firma apuntó a una investigación de la Justicia a Héctor Paletta, el encargado del VAR. Ni número de juzgado ni carátula de la causa. Tal vez de estas investigaciones se enteren primero en River y después en los juzgados. También quedó instalado el pedido para que Paletta no vuelva a ser designado para los partidos del equipo de Coudet. Lo instaló River. Pero en la AFA desmintieron que hubiera llegado alguna notificación formal. La lógica para evitar inconvenientes, igualmente, será evitar su designación en el corto plazo. Sin embargo, se trata de uno de los árbitros de VAR mejor considerado por las autoridades. Por lo que, si River llegara a semifinales o final de este torneo, podría ser evaluado para que sea parte del equipo arbitral. Y ahí se verá el margen para pedir y negociar que le quedó a una dirigencia que se desmarcó de la AFA.

Fueron, estos hechos recientes y también la salida del Comité Ejecutivo, distintas formas de acercarse al hincha, de tratar de representarlo. En eso hubo una evidente dificultad en los últimos años. Se generó una dicotomía entre el nivel de alta popularidad que significa juntar 85 mil hinchas en cada partido contra el deseo dirigencial de parecerse a un club europeo. Podrían complementarse aquel sentimiento y esta gestión. Por ahora les cuesta encontrar un punto medio.
La semana anterior al superclásico, Boca midió cada paso. Si bien no es normal que los jugadores brinden declaraciones, la costumbre se rompió con ruedas de prensa de tres de ellos: además del capitán Leandro Paredes, hablaron Miguel Merentiel y un suplente, Nicolás Figal, con el detalle de que estos dos son los únicos integrantes del plantel actual que habían jugado el superclásico que se definió con un penal en el final convertido por Miguel Borja y cobrado por Darío Herrera, el mismo que dirigió el último domingo. La pregunta por el árbitro no tardó en llegarle a cada uno. Es insano que en el fútbol argentino los partidos empiecen a jugarse de esta forma. Insano pero real. Los condicionamientos están a la orden del día. River dejó actuar en la previa y reaccionó después. Pasó de la guardia alta a los golpes bajos.

En estos días ya surgieron nombres de posibles refuerzos para julio. Aquí se advierte un cambio. Quedó claro que Di Carlo y sus pares quieren un modelo de gestión del fútbol diferente al de los últimos años. Si Marcelo Gallardo absorbía todo el poder de acción para armar el plantel, hoy la responsabilidad será plural. Puede ser un buen punto de partida.
El ojo de Coudet, la negociación dirigencial y algún consejo de Francescoli se complementarán con un manager, que el presidente del club llamativamente buscó en el exterior, cuya adaptación habrá que ver. El club malgastó durante mucho tiempo en incorporaciones. Los apellidos salen de memoria, algunos ya no están y otros se irán. Lo que sigue es la reconstrucción. River no puede enfocarse sólo en los nombres que vienen, claro. Le quedan partidos de torneo, Sudamericana y la búsqueda de un título, incluso con posibilidades de un nuevo superclásico antes de la definición. Debe recordar lo que le sucedió el año pasado: soltó la temporada antes de terminarla. Así terminó jugando la copa que juega y extrañando la que no.
