
La interrupción en el suministro de emicizumab, un medicamento vital para pacientes con hemofilia A, desencadenó consecuencias trágicas, como la muerte de Kevin Acosta, un menor de siete años, que dejó de recibir este fármaco desde diciembre de 2025, según advirtieron médicos y asociaciones.
Estas suspensiones exponen a decenas de pacientes en Colombia a un riesgo inmediato de hemorragias graves ante procedimientos rutinarios o accidentes.
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La información aportada por el doctor Sergio Robledo, presidente de la Liga Colombiana de Hemofílicos, reveló que más de 50 pacientes afiliados a la Nueva EPS, y varias entidades actualmente intervenidas por el Gobierno, han dejado de recibir la medicación desde diciembre de 2025.
Este escenario, descrito por Robledo, no tiene precedentes ni siquiera en los tiempos del extinto Seguro Social, y ha derivado en hospitalizaciones de emergencia debido a hemorragias incontroladas.

El caso de Kevin Acosta evidenció que, si bien el medicamento puede permanecer hasta seis meses en la sangre después de la última dosis, la suspensión implica que el paciente retorna a su fenotipo hemorrágico original.
Las probabilidades de sangrados espontáneos aumentan drásticamente si no se implementa terapia alternativa de inmediato, de acuerdo con la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria y la National Bleeding Disorders Foundation de Estados Unidos.
