Pensó que lo tenía todo y, cuando empezaba a disfrutar una zona de confort que no dejaba de lado la exigencia, lo echaron. Y lo despidieron luego de que su equipo, el poderoso Flamengo, ¡ganó 8-0! Seguramente hubo algún entretelón de fondo, pero Filipe Luis dice que no es supersticioso y que no se reprocha nada. A los 40 años (y con toda una carrera por delante aún como DT) espera proyectos que lo puedan seducir y, mientras tanto, sigue aprendiendo. Ganó 5 títulos como entrenador con el gigante brasileño incluida la Copa Libertadores 2025, pero tiene una gran historia de vida. Desde muy chico no quería saber nada con el fútbol profesional y menos con “jugar en una cancha de 11”, comenzó a ver los partidos con mirada de técnico a los 27, cuando empezó a ser dirigido por Diego Simeone. Ya como líder de un grupo se define como un “copiador” de ideas, pero que adapta a sus gustos y preferencias porque “hay principios que son innegociables”. Aun teniendo ganas de aprender y adquirir conocimientos, entendió que necesitaba rodearse de un equipo de buenos colaboradores para poder conseguir resultados de la línea de cal para afuera: “Yo pensaba que lo sabía todo y en la primera semana que empecé a entrenar en un equipo me iba llorando a mi casa”.
“Amaba el Futsal. No me gustaba jugar en once porque no tocaba la pelota o la tocaba muy poco. Fue mi padre el que me obligó porque mi deseo era jugar en Flamengo. Y si quería jugar en Flamengo, tenía que ser jugador de 11. Tenía mucha calidad, pero desde lo físico me costaba mucho. Pesaba 63 kilos. Me desarrollé tarde, pero tuve suerte porque Dorival Jr. Apostó por mí cuando tenía 17 años en Fluminense”, cuenta Filipe Luis en una disertación que dio esta semana para el Seminario del Fútbol Sudamericano organizado por la Conmebol, donde virtualmente hubo más de 50.000 inscriptos.

Afirmó que a los 27 empezó a pensar como DT. “Toda mi carrera escuché la palabra ‘intensidad’, la típica que se escucha en todos los vestuarios. Y yo no sabía que jugaba mal. Hasta que trabajé con el Cholo Simeone en Atlético de Madrid y por primera vez supe muy claro qué tenía que hacer, cómo debía pensar, por dónde tenía la culpa si la jugada terminaba o no en gol. Ahí sentí que se me abrió la cabeza. El Cholo, a nivel de gestión, me transformó: ahí jugaba para competir, jugaba para matar. Y me gustaba enfrentar a los que me hacían sufrir para aprender, como contra los equipos de Guardiola o los de Luis Enrique. Me gusta ver las metodologías de entrenamiento, cómo preparan al jugador, desde lo táctico y lo mental también. Soy un copiador, me encantar ver y copiar ideas pero tratando de adaptarlas a las cosas que me gustan”, contó.
Arrancó dirigiendo el Sub 17 del Flamengo –lo cual luego siempre agradecería haber hecho su primera experiencia en juveniles- y luego pasó por el Sub 20 del conjunto de Río de Janeiro, equipo con el que ganó la Copa Intercontinental. Fue exitoso con el equipo de Primera y tuvo un final abrupto de una sociedad de casi 7 años de Filipe y Flamengo, que comenzó con su arribo al club como jugador en 2019 y también incluyó la obtención de otros dos Brasileiraos, dos Copas Libertadores y la Copa Intercontinental Sub 20, que obtuvo con el filial del club en 2024 cuando comenzaba su carrera como técnico. En el Mundial de Clubes 2025 fue eliminado por Bayern Munich tras la caída 4-2, por los octavos de final. La derrota con Lanús por la Recopa Sudamericana 2026 debilitó el ciclo, pero también se habló en Brasil de una supuesta negociación del técnico con dirigentes de Chelsea que enojaron a los pares del Fla. Lo despidieron el 3 de marzo de este año luego del triunfo de Flamengo por 8-0 sobre Madureira por el Campeonato Carioca.
“Dentro de unos años, (los jugadores) lo verán, verán lo que han hecho. Son eternos en el club. Son eternos, son gigantes, y estoy muy orgulloso”, había dicho en diciembre de 2025 luego de ganar su quinto título como DT de Flamengo, el Brasileirao. “Cuando asumí dije que mis futbolistas eran los mejores. Creo de corazón que son los mejores. El mejor plantel, los mejores jugadores, los mejores por posición (…), son los mejores en todo”, había agregado quien tenía un contrato firmado hasta 2027: “Si dependiera de mí, yo ya estaría renovado, pero no depende solo de mí. Claro que quiero quedarme, estoy feliz aquí, mi familia está feliz aquí, y tengo que conquistar el derecho de sentarme en esta silla. Para eso trabajo todos los días, muchas y muchas horas. Voy a continuar haciéndolo hasta cuando me permitan hacerlo”. Ser ganador tampoco le aseguró la permanencia.
Pero Filipe Luis sigue hacia adelante. Sobre lo que ve del fútbol, afirmó en la charla que brindó con Mauricio Marques, coordinador educativo de la Conmebol): “Hay tantos estilos de juego que hasta ‘no jugar a nada’ es jugar a algo. El fútbol es competir. Hoy hay una gran mochila de información. Cuando me retiré como jugador, a los 38 años, quise transferir ideas. Pero ¿cómo hago? Quería hacer un ejercicio para presionar sobre la pelota, con 3 equipos, 15 pases valían un punto; pero llegaba el partido y los chicos tiraban pelotazos para arriba. Lo primero que hice fue buscar una persona que supiera de metodología y hacer entrenamientos con todos los detalles. Yo pensaba que lo sabía todo y la primera semana que empecé a entrenar en un equipo me iba llorando a mi casa. Porque no veía cosas. Fue un baño de humildad para mí. Fue clave empezar con el Sub 17: no te quitan jugadores para subir a Primera, te dejan trabajar. Ahí me fui formando como DT: si me gustaba hablar más, hablar menos, trabajar más desde los ejercicios individuales y pedía mucho feedback con mis colaboradores después de cada entrenamiento”.
En seis meses dio el salto, ya estaba con el Sub 20 de Flamengo: “Categoría dura, durísima porque es una edad en la que los jugadores se creen más de lo que son, salen con novias, te puede confundir el entorno. Hay principios que son innegociables. Y los jugadores siguen siendo lo principal. Si tengo un 10 que es crack, voy a adaptar el modelo de juego para él, para que se pueda desarrollar. Y así con todos. Encontrar la estructura que los haga mejores y también apuntando a la polivalencia, que es muy importante poder jugar en más de un puesto según las necesidades”, describió.
Y aportó una mirada interesante sobre qué es más sencillo, ¿dirigir a juveniles o a jugadores profesionales con experiencia?: “Es mucho más fácil lidiar con jugadores profesionales que con chicos de las inferiores. Los profesionales necesitan de eso que vos tenés para dar, de esa información, para jugar bien. Ellos mismos buscan esa información para corregir cosas. En inferiores arrancás y los chicos te dicen: ‘dame la pelota que ya está’. Lidiar con estrellas es más fácil que con juveniles”.

Eso lo ató a un rubro importante para todo entrenador: la gestión de las personas. “El haber jugado me ayudó porque ahí es donde te empezás a dar cuenta de que no podés controlar todo en un equipo, es imposible. Por eso es bueno tener líderes activos, porque ellos quieren ganar en el mismo nivel que el DT. Yo, por ejemplo, siempre fui muy inquieto y quería ganar hasta en el ajedrez, pero siempre tuve en claro que hay gente que sabe más que yo. Como todos aprendemos de todos, yo pregunto. Así me manejo”.
¿Qué proyecta del Mundial 2026? “Es muy difícil de vaticinar porque todavía faltan 60 días. Brasil tiene dos delanteros que están entre los 5 mejores del mundo: Raphinha y Vinicius Jr. Y la llegada de Ancelotti fue lo mejor que nos pudo haber pasado. No garantiza el triunfo, pero era el momento para una persona así, que incluso trajo estabilidad dentro de la propia confederación. Un DT supercampeón de la Champions, tenemos un moustruo como técnico y lo tenemos que escuchar. Y además es una persona que tiene respeto por todos, por los dirigentes, por los colegas entrenadores, por los jugadores, por los periodistas”.

Suele haber una frase futbolera que habla que el Mundial lo gana aquel equipo que mejor defienda. “Va todo conectado. Si tu equipo recibe dos goles por partido, va a ser difícil salir campeón en un Mundial porque sería complejo ganar todos los partidos 4-2. La solidez defensiva es clave en torneos cortos pero eso está conectado con el ataque. Es competir más que el rival, estar más concentrado. No es sólo la defensa, es un todo”.
Y sobre la chance de la selección argentina agregó: “Siempre es difícil ganar después de ganar, pero la Argentina tiene un equipo increíble. Un Mundial es una buena noche. Si llega a haber una final Brasil-Argentina sería lindo pero el problema es el que pierda, que no puede volver a casa…”. Fue una forma de finalizar su exposición con una sonrisa.
