Michael (Ídem, Estados Unidos-Reino Unido/2026). Dirección: Antoine Fuqua. Guion: John Logan. Fotografía: Dion Beebe. Edición: John Ottman y Harry Yoon. Elenco: Jafaar Jackson, Juliano Valdi, Colman Domingo, Nia Long, Miles Teller, Mike Myers. Duración: 127 minutos. Distribuidora: UIP. Calificación: solo apta para mayores de 13 años. Nuestra opinión: regular.
“Cuento de hadas”. Esas son las primeras palabras que esta biopic plana, convencional y sobre todo condicionada al consentimiento de los dueños actuales (y oficiales) del legado de Michael Jackson pone en boca del futuro Rey del Pop. Se trata, ante todo, de un acto de sinceridad. Michael quiere ser un relato amable e idealizado de quien fue, con toda seguridad, la figura más vibrante y carismática surgida de la industria global de la música popular en las últimas décadas.
La opción enaltecedora también sirve para liberarse de cualquier riesgo de culpa, sobre todo frente a los reproches que esta película pueda recibir de parte de quienes, con argumentos muy fundados, señalan la ostensible falta de menciones a los aspectos más oscuros de la vida del artista. Michael concluye en 1984, en el momento en que concluye Victory, la última gira compartida con sus hermanos (junto a quienes integró The Jackson 5), y se produce la ruptura definitiva con Joseph Jackson, el codicioso, despótico y abusivo padre-manager.
2 stars
Al final, una placa que antecede los créditos sugiere que esta historia se seguirá contando. ¿Habrá lugar en alguna eventual secuela para explorar las acusaciones de abuso que recibió Michael Jackson a partir de 1993 y se convirtieron en núcleo del resonante documental Leaving Neverland (2019), hoy ausente de las plataformas de streaming? Si seguimos las pistas aportadas desde esta película el resultado parece improbable. En la extensa lista de productores aparecen los Jackson 5 sobrevivientes (Marlon, Jermaine, Tito y Jackie), La Toya Jackson (hermana de Michael, apenas mencionada en la película) y John Branca, a quien el Rey del Pop confió el manejo de su carrera tras la ruptura con su padre.
Con semejante aval no podía esperarse otra cosa que un retrato biográfico de Michael Jackson circunscripto a la etapa que empieza con sus primeras apariciones a fines de los años 60 (allí se luce Juliano Valdi, toda una revelación) y culmina en pleno apogeo artístico.
No faltan episodios incómodos (las escenas del castigo físico al que el pequeño Michael es sometido por su padre, el accidente con pirotecnia que pudo haber resultado fatal en 1984, mientras grababa un aviso comercial de Pepsi) o extravagantes (su extraño gusto por ciertos animales salvajes adoptados como si fueran mascotas), pero en verdad toda la película se parece mucho a una sucesión de “grandes éxitos” de la vida de Jackson registrados después de la autorización de sus herederos por un equipo de competentes y prolijos profesionales del cine.
No hay nada más allá de la ratificación de un probado oficio que conecte a esta película con los antecedentes de un director tan sólido como Antoine Fuqua (Día de entrenamiento, El justiciero) y un guionista del prestigio de John Logan (El aviador, El último samurái). Apenas la recuperación del espíritu casi artesanal de la primera etapa de los Jackson 5 con sus presentaciones en TV y teatros de fines de los 60 y la vibrante reconstrucción de los multitudinarios conciertos de los 80, con MJ ya convertido en estrella, que funcionan a pleno en las salas mejor dotadas en materia de sonido. Pero no es nada muy distinto a lo que pudo haberse logrado remasterizando algún gran recital de ese tiempo.
Lo demás es una pálida enumeración de acontecimientos expuestos por simple acumulación desde una lógica narrativa elemental, muy cercana a las biopics musicales más endebles de los últimos tiempos (Bohemian Rhapsody; Bob Marley: One Love; Quiero bailar con alguien: la historia de Whitney Houston). Como en ellas, pareciera que aquí el éxito se produce por generación espontánea, sin preguntarse con la mínima profundidad qué pasa en el interior de la cabeza de un artista y cuál es el vínculo con su entorno más cercano. Se invoca mucho en boca de Michael el valor de la familia, pero sus hermanos son figuras decorativas y la relación con sus padres se queda en un maniqueísmo básico. Con una pose de villano de caricatura, Colman Domingo transforma a Joseph Jackson en un ser irremediablemente egoísta, intrigante y calculador.
Jafaar Jackson, sobrino en la vida real de MJ, hace una personificación de asombrosa fidelidad al verdadero Rey del Pop. El suyo es un esmerado y admirable trabajo de imitación fisonómica y reproducción de los clásicos movimientos sobre el escenario de MJ, empezando por el moonwalk. Pero cuando la cámara se detiene en su rostro no aparece más que una máscara inexpresiva que trata de inmortalizar un recuerdo definido, fijado y escrito de antemano, como si no hubiese más para sumar al texto de la biografía oficial. Un cuento de hadas.
