Carlos III y Camilla llegaron a Washington para una visita que busca limar asperezas entre EE.UU. y Gran Bretaña

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LONDRES.– El rey Carlos III y la reina Camilla de Gran Bretaña llegaron este lunes a Estados Unidos para una visita de Estado de cuatro días que se transformó en una misión diplomática de alto riesgo. El viaje, el más relevante del reinado del monarca hasta ahora, se produce en un escenario internacional convulsionado que elevó su importancia política más allá de lo protocolar.

La agenda incluye una reunión privada con el presidente Donald Trump, un discurso ante el Congreso y una cena oficial en la Casa Blanca.

La visita coincide con la conmemoración del 250° aniversario de la independencia estadounidense, un hito cargado de simbolismo que resignifica el vínculo histórico entre ambos países. Se trata además de la primera visita de un monarca británico a Estados Unidos en dos décadas, lo que refuerza su carácter excepcional. Desde Londres, el gobierno de Keir Starmer apuesta a que el viaje contribuya a revitalizar la llamada “relación especial”, hoy atravesada por desacuerdos políticos y estratégicos.

En septiembre del año pasado, Trump y la primera dama estadounidense realizaron una visita oficial a Gran Bretaña

Sin embargo, la previa del viaje estuvo marcada por un hecho que alteró el clima político en Washington: un tiroteo durante la cena de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca, donde, según las autoridades, el presidente y altos funcionarios podrían haber sido objetivos.

El episodio generó preocupación sobre la seguridad del evento y añadió un componente de tensión adicional a una visita ya delicada. A pesar de ello, el Palacio de Buckingham confirmó que la agenda seguiría adelante tras consultas con autoridades estadounidenses.

“El rey y la reina están muy agradecidos a todos aquellos que han trabajado sin descanso para garantizar que así sea”, señaló un vocero oficial.

El incidente del fin de semana despertó temor por la seguridad de los monarcas británicos

Más allá del incidente, el contexto geopolítico es el principal factor que condiciona la visita. Las diferencias entre Washington y Londres por la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán tensaron la relación bilateral en los últimos meses. Trump criticó abiertamente al gobierno británico por no respaldar la ofensiva militar y llegó a descalificar a Starmer con dureza. Estas fricciones convirtieron al viaje en una oportunidad y a la vez en un riesgo, para intentar recomponer el vínculo.

El propio Trump, sin embargo, buscó separar la dimensión política del carácter simbólico de la visita. Elogió reiteradamente a Carlos III, a quien describe como un “gran hombre” y un “amigo”. Esa relación personal más fluida contrasta con el vínculo tenso que mantiene con el primer ministro británico, lo que otorga al monarca un rol singular como posible puente indirecto entre ambos gobiernos.

El presidente se ha expresado en términos muy elogiosos sobre Carlos

Tras su paso por Washington, los reyes viajarán a Nueva York para rendir homenaje a las víctimas de los atentados del 11 de septiembre, en la antesala de su 25° aniversario. Luego, la visita continuará en Virginia, donde Carlos se reunirá con referentes de proyectos ambientales, una causa que ha promovido durante décadas.

Controversias y pedidos de cancelación

Pero la gira también está rodeada de controversias. Uno de los temas más sensibles es el escándalo vinculado a Jeffrey Epstein, que salpica a la familia real por la relación del príncipe Andrés. El caso, que ha resurgido con nuevas revelaciones, representa un factor incómodo que las autoridades buscan mantener fuera de la agenda oficial. Fuentes del Palacio confirmaron que no habrá encuentros con víctimas durante la visita, en parte para no interferir en procesos judiciales en curso.

En tanto, la política interna británica también proyecta su sombra sobre el viaje. Algunos sectores cuestionaron la conveniencia de la visita en medio de las tensiones con Washington y las críticas de Trump hacia Londres.

Trump criticó duramente al primer ministro Starmer por su negativa a unirse a los ataques militares estadounidenses contra Irán. El mandatario desestimó su relevancia y dijo del líder británico que “no es ningún Winston Churchill”.

El líder liberal demócrata, Ed Davey, llegó a pedir su cancelación, advirtiendo sobre el riesgo de exponer al monarca a situaciones incómodas.

A esto se suma un elemento particularmente sensible para Gran Bretaña: un correo filtrado del Pentágono que sugiere que Estados Unidos podría reconsiderar su apoyo a la soberanía británica sobre las Islas Malvinas. La posibilidad de que una disputa geopolítica histórica reaparezca como herramienta de presión agrega una capa adicional de tensión al vínculo transatlántico.

“El rey vuela hacia una tormenta en Estados Unidos sobre las Islas Malvinas”, tituló el Daily Mail este fin de semana.

Pese a este escenario, el gobierno británico defiende la visita como una herramienta clave de diplomacia blanda. Considera que la monarquía, al margen de las disputas partidarias, puede desempeñar un papel estabilizador en momentos de crisis. La figura de Carlos III aparece así como un recurso estratégico para sostener canales de diálogo cuando la política tradicional enfrenta límites.

Analistas coinciden en que la visita será observada con atención tanto por su impacto inmediato como por su valor simbólico.

Agencias AP y Reuters y diario The New York Times

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