La mansión Playboy tiene casi todo lo que se necesita para que una casa sea embrujada. Fue construida en 1927 en el barrio de Holmby Hills, en Los Ángeles. Tiene 29 habitaciones de estilo gótico-tudor, puertas secretas y un pasado lleno de fiestas, excesos y personajes extravagantes. Sus vecinos ya la llamaban “la casa embrujada” en los primeros años de la década de 1970, cuando Hugh Hefner la compró, porque su arquitectura recordaba directamente a las mansiones de las caricaturas de terror. Lo que nadie esperaba era que, décadas después, las propias residentes lo confirmaran.

Bridget Marquardt y Holly Madison vivieron en la mansión como novias de Hefner entre 2001 y 2009 y se hicieron famosas por protagonizar el reality de E! The Girls Next Door. Hoy, las dos son investigadoras del fenómeno paranormal.
La mujer del armario
La experiencia más recordada de Marquardt ocurrió durante una noche tranquila en su habitación. Su hermana y su amiga Stacy la acompañaban; acababa de adoptar un cachorro. Las tres conversaban en la cama con una copa de vino y la televisión prendida cuando, de reojo, vieron a una mujer parada en la puerta del armario. “Tenía el pelo negro, largo y lacio, era muy pálida y muy delgada. Llevaba una camiseta blanca que le quedaba enorme y unos vaqueros negros desteñidos”, describió Marquardt. Cuando se dio vuelta para mirarla de frente, la figura ya no estaba. La amiga rompió a llorar. La hermana se quedó en estado de shock.

Marquardt sintió que era una mujer a la que podía reconocer. Años antes de instalarse en la mansión, la habían invitado a una sesión de fotos de prueba para Playmate y allí conoció a Joanie, la secretaria social de la casa. Era una mujer cálida, conocida como la “madre de la mansión”: conocía a todas las chicas y a todas las mascotas y se ocupaba de que todo funcionara. Cuando Marquardt regresó como residente permanente, se enteró de que Joanie había muerto de cáncer. “Estoy casi segura de que era ella”, dijo. “Creo que vino a ver la nueva incorporación a la mansión. La nueva mascota”.
La mujer del gimnasio
Madison tuvo su propio encuentro en el sótano. Un día, mientras entrenaba en el gimnasio, vio a una mujer salir del baño y cruzar frente a ella con un top deportivo fucsia y pantalones negros. La tomó por una Playmate en plena sesión de fotos. Dobló la esquina para verla y encontró una puerta; la abrió: era un pequeño armario. No había ninguna otra salida. Para que la mujer hubiera dejado el gimnasio, tendría que haber pasado de nuevo frente a Madison. Nunca la volvió a ver.

Tiempo después, Madison y Marquardt estaban en la habitación de esta última con álbumes de recortes cuando Madison dijo en voz alta que necesitaría más pruebas para creer del todo en los fantasmas. En ese momento, el televisor se encendió solo y el volumen subió al máximo. “Necesité varias experiencias antes de darme cuenta de que algo raro estaba pasando”, reconoció.
La sala de juegos y los empleados
El personal de la mansión también tenía sus historias. Los empleados de limpieza evitaban la sala de juegos, una habitación llena de máquinas de pinball y recreativas, y pedían que un guardia de seguridad o un mayordomo los acompañara cuando era inevitable entrar. Contaban que las puertas se cerraban solas, que los juegos se encendían sin que nadie los tocara y que el piano tintineaba en el silencio.

Brian Olea, quien fue gerente de servicios para huéspedes durante dos décadas y condujo el programa Mansion Mayhem en Playboy Radio, contó su propio episodio. Esperaba que un ejecutivo terminara una reunión en la biblioteca para poder prepararla para un evento. Cuando el ejecutivo salió, fue a limpiar el lugar, pero la puerta estaba cerrada con llave. Ninguna llave la abría. Fue a consultar con el guardia de seguridad para confirmar que el ejecutivo había salido por la entrada principal. Cuando volvió, la puerta estaba entreabierta cinco centímetros. “Se me erizó todo el pelo del cuerpo”, dijo. “Miré al guardia y me dijo: ‘¡Alto, alto, alto!’. Los dos lo vimos. Nadie nos va a creer. ¿Qué demonios acaba de pasar?”.
La dueña original y otras leyendas
Existe una historia de fantasmas que precede a Hefner. Se dice que la dueña original de la mansión, esposa del empresario Arthur Letts Jr., quien la mandó construir en 1927, cayó, fue empujada o saltó desde un balcón al suelo de mármol y que su espíritu nunca abandonó la propiedad. Marquardt intentó verificar esta historia durante una de sus clases de investigación paranormal, pero no encontró pruebas documentales. Hefner, consultado al respecto, le dijo a Madison que la historia era una invención de una mujer con quien salió en los años ochenta. Él no creía en fantasmas.

El sueño de Hef
Marquardt no pudo visitar a Hefner durante los últimos años de su vida y tampoco la invitaron a su funeral cuando él murió en septiembre de 2017, a los 91 años. Esa falta de despedida le pesó durante mucho tiempo.

Poco después del fallecimiento, tuvo un sueño que describió como diferente a cualquier otro. En él, manejaba hasta la mansión y era recibida por el personal de seguridad. Adentro, la casa estaba vacía y oscura; sonaba música de los años cuarenta. De repente, Hefner bajaba las escaleras y abría los brazos. Le decía “¡Cariño!” con su carcajada característica. Marquardt sintió el abrazo, la tela de su chaqueta de fumar, el olor de su colonia. “Fue tan real”, dijo. “Sentí que me estaba despidiendo de él. Y era bueno”.
Denuncias y polémicas por fiestas grupales
Si bien el fundador de Playboy fue visto por años como un seductor imparable, con el tiempo empezaron a salir a la luz denuncias de exempleados y de “conejitas” que lo acusaron de conductas indebidas.
Tal fue el caso de Crystal Hefner, la última esposa del magnate, quien concedió una entrevista al medio Daily Mail y recordó a través de un libro cómo fue vivir con Hugh en sus últimos cinco años de vida. Cabe aclarar que ella tenía 21 años y, él, 81.

“Cuando estaba en la residencia, impuso un toque de queda a las 6 de la tarde para garantizar que estuviera en casa para compartir su cena (siempre sopa de pollo con queso crema y galletas saladas) y ver sus películas favoritas. Luego, al anochecer, esperaba que participara en el sexo grupal por el que Hefner era famoso”, explicó con angustia.
Respecto de esta petición, sostuvo: “Fue embarazoso. No sé cuántas personas habrían estado en nuestra habitación al mismo tiempo, pero… muchas. Bastante mal. Pensábamos ‘ahora es tu turno’. En realidad, nadie quería estar allí, pero creo que en la mente de Hef todavía pensaba que tenía 40 años y esas noches, la gente, la mansión, solidificaron esa idea”.
