En el marco del Día Mundial del Hígado, los especialistas del Hospital de Clínicas de la UBA alertan sobre un cambio de tendencia en las enfermedades hepáticas, ya que el hígado graso registra un incremento sostenido en los centros de salud nacionales, una patología que representa hoy la segunda causa de trasplante en la Argentina.

La suba de casos responde a factores metabólicos y de conducta. Esteban González Ballerga (MN 78.316), jefe de la División de Gastroenterología del Hospital de Clínicas, explicó el origen de la patología: “El hígado graso es una acumulación anormal de grasa en el hígado (mayor al 5%) que está fuertemente asociada al consumo excesivo de alcohol y al sobrepeso”, detalló el médico.
La enfermedad presenta un peligro particular por su falta de síntomas iniciales, es por ello que el profesional de la salud advirtió sobre la dificultad de la detección temprana: “Es un asesino silencioso, porque las manifestaciones aparecen en etapas avanzadas”. Asimismo, en la variante no alcohólica, el 90% de los casos se vincula con la obesidad y la diabetes.
La gravedad de esta enfermedad en la Argentina
Las estadísticas actuales sitúan a esta condición como un problema de salud pública de primer orden, ya que el exceso de grasa constituye la primera causa de trasplante hepático en Estados Unidos y la segunda en la Argentina. Los datos del Observatorio de la Sociedad Argentina de Hepatología refuerzan esta preocupación, debido a que sostienen que la acumulación de grasa figura entre las principales causas de enfermedad hepática terminal.
La situación epidemiológica incluye otras amenazas para el órgano. La hepatitis A mantiene una prevalencia alta, ya que cerca del 90% de los adultos, cursó la infección de manera asintomática, mientras que el 10% restante de la población integra el grupo vulnerable y requiere la vacuna. La transmisión ocurre por vía fecal-oral a través de agua o alimentos contaminados. También influyen las prácticas sexuales sin protección.

En el caso de la hepatitis B, la misma posee una circulación baja en el país, pero su riesgo de derivar en un trasplante hepático permanece vigente. El contacto con fluidos corporales infectados transmite el virus y la vacunación previene la enfermedad de forma efectiva. Aunque el cuadro carece de cura, la medicina ofrece tratamientos para su control.
Por otro lado, la hepatitis C muestra un escenario distinto, debido a que el origen del contagio resulta desconocido en el 40% de los casos. En este contexto, los profesionales vinculan los nuevos positivos al uso de drogas endovenosas y a las relaciones sexuales sin protección.
Cabe destacar que esta variante no posee vacuna, pero los tratamientos avanzaron de forma significativa en los últimos años, donde el 98% de los pacientes logra la curación con terapias simples y eficaces, siempre que exista un diagnóstico.

Estudios médicos que integran el control del hígado
Los médicos recomiendan una serie de chequeos básicos para el cuidado preventivo, un conjunto de estudios que los médicos definen como: “VTV del hígado” para detectar anomalías antes de que el daño resulte irreversible, que deberia incluir:
- Consulta con gastroenterólogo o hepatólogo
- Análisis de sangre para evaluar anticuerpos
- Ecografía hepática para observar tamaño y presencia de grasa
- Esquema de vacunación completo contra hepatitis A y B
- Seguimiento de tratamientos indicados
- Incorporación de hábitos saludables
Cómo prevenir el avance de las enfermedades hepáticas
Según los especialistas el estilo de vida determina el estado de salud del órgano. Por lo tanto, una dieta equilibrada y actividad física regular funcionan como pilares preventivos, mientras que la moderación en el consumo de alcohol y el sexo seguro reducen los riesgos de infección y daño crónico.
