Jonathan Haidt(@Jonathanhaidt), el psicólogo social norteamericano autor de La Generación Ansiosa, sigue advirtiendo sobre los riesgos y peligros detrás de las redes sociales y el uso de dispositivos digitales.
Recientemente difundió una campaña de @mumsnet en línea con su pensamiento, que advierte que la adicción al celular entre adolescentes triplica los riesgos de depresión y duplica los de ansiedad. Tres horas diarias de uso de redes sociales los vuelve más proclives a autolesionarse. El uso adictivo de estas plataformas se asocia con mayor propensión a conductas suicidas, algo que lamentablemente se verifica con demasiada frecuencia en la realidad.
Mientras muchos países se suman a la iniciativa que arrancó en Australia en favor de prohibir el acceso de menores de 16 años a redes sociales y determinados chatbots, imponiendo fuertes multas para las empresas tecnológicas que incumplan los controles, la polémica no cesa. En estos días, por 307 contra 173 votos, la Cámara de los Comunes británica rechazó incorporar la prohibición que la Cámara de los Lores había aprobado en enero. A la espera del resultado de una consulta pública de reciente lanzamiento, propusieron mientras tanto un plan que permite restringir el acceso solo cuando sea necesario con el fin de evitar la migración infantojuvenil hacia sitios menos regulados y, por ende, más peligrosos.
Sin embargo, el ritmo vertiginoso que impone la transformación digital ya permite vislumbrar un nuevo escenario, no por ello menos amenazante. El investigador argentino Santiago Bilinkis (@s.bilinkis) explicaba en sus redes que OpenAI desarrolló la app Sora 2, una plataforma cuyo contenido se genera mediante IA y que no pretende servir solo para hacer videos. Para generar contenido aprovechará todo lo que sabe de nuestras preferencias en Instagram, WhatsApp, TikTok, Snapchat ,sumado a lo que aprendió de nosotros a través de nuestras interacciones con, por ejemplo, ChatGPT. Ya no será cuestión de seguir tal o cual cuenta según el propio interés. Sora fabricará ella misma aquello capaz de captar nuestra atención, un abordaje hiperpersonalizado y adaptado a nuestra singularidad. Ningún algoritmo seleccionará ya videos de terceros para nosotros porque la propia app los fabricará conociendo nuestra preferencia, volviéndolos irresistiblemente adictivos.
En esta transformación, las redes sociales dejarán de ser precisamente sociales porque descartarán cualquier aporte netamente humano, tanto que los creadores de contenido parecen llamados a desaparecer. Lo producido mediante IA por la app satisfará ampliamente la necesidad individual de validación, pero carecerá de neutralidad porque responderá solapadamente a sus propios objetivos comerciales.
Establecer los límites dentro de los que nuestros niños y jóvenes puedan crecer y desarrollarse fomentando su sentido crítico y cuidándolos de tantos peligrosos estímulos debe ser el compromiso del mundo adulto. Que puedan crecer manteniendo una relación más segura, saludable y enriquecedora con el mundo en línea es el desafío.
