Luciano Román recibió el título Doctor Honoris Causa de la UADE

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La Universidad Argentina de la Empresa (UADE) distinguió esta tarde a Luciano Román como Doctor Honoris Causa en el Aula Magna de la facultad. Román, que se desempeña como Secretario de Redacción y columnista de LA NACION, fue reconocido por “su destacada trayectoria profesional y su significativo aporte al ámbito académico y al periodismo argentino”.

En un auditorio colmado por la presencia de autoridades de la institución, el cuerpo docente y alumnos; el director de LA NACION Fernán Saguier y José Claudio Escribano, miembro del directorio; colegas, familiares y amigos, el acto quedó inaugurado con las palabras del rector de la casa de estudios, Ricardo Orosco, quien ofreció los argumentos para otorgar este título reservado a “reconocer los valores de personas sobresalientes”, un hecho que, en definitiva, no es tan frecuente: contabilizó en los 64 años de historia de la UADE solo 18 honores semejantes. En este caso quiso subrayar, principalmente, la comprometida labor de Román con la educación, que es también el rol central de la universidad, tanto en sus notas como en la experiencia desempeñada como docente (es profesor invitado recurrente en la UADE) y como exdirector de la Carrera de Periodismo de la Universidad Católica de La Plata.

Román, con el rector de la UADE Ricardo Orosco y el periodista Hugo Alconada Mon, que pronunció una laudatio

A continuación, el periodista de LA NACION Hugo Alconada Mon pronunció una laudatio que resumió méritos personales, académicos y profesionales del agasajado, palabras que surgieron “del corazón”. Una larga relación los une desde La Plata, la ciudad de ambos: “Cigarrillo en boca, café en mano, la primera vez que vi a Luciano Román fue en octubre de 1999. Eran otros tiempos. Tiempos en que encarnamos el ‘eslabón perdido’ entre las viejas redacciones“.

Tras repasar la trayectoria de Román, iniciada a los 18 años en el diario El Día –donde más tarde sería su primer jefe–, Alconada Mon puso el foco en lo que define su perfil. “No es dónde trabajó o trabaja, sino cómo escribe. En tiempos de velocidad, eligió la pausa; en tiempos de ruido, eligió el argumento; en tiempos de grieta, eligió la incomodidad. Sus columnas no buscan agradar: interpelan. No se apoyan en la estridencia, sino en la evidencia, en la duda honesta y en una convicción profunda: que el periodismo no está para confirmar prejuicios, sino para desafiarlos”, afirmó.

También subrayó su compromiso con el oficio y la dimensión pública: “En una época en la que la verdad parece negociable y la palabra pública se devalúa, trayectorias como la de Luciano adquieren un valor adicional. Porque encarnan una idea del periodismo como servicio público, como herramienta de control del poder y como espacio de construcción cívica. Por todo esto, este reconocimiento no solo honra a Luciano Román. También nos recuerda qué periodismo vale la pena defender. En tiempos como estos, no es poco”, finalizó.

A su turno, ya con el diploma en mano y la emoción en la voz, Román comenzó por agradecer. “Cuando el doctor [Héctor] Masoero me llamó para comunicarme que el consejo de administración de la UADE había resuelto otorgarme esta distinción, tuve una mezcla de sentimientos. A la vez que me sentía honrado, me invadía una sensación de incomodidad, porque pertenezco a una generación a la que nos enseñaban que el lugar de los periodistas siempre estaba ahí abajo, en la silla del observador, y nunca acá, en el medio del escenario“, aseguró.

Vista del aula magna colmada por autoridades de la institución y de LA NACION, colegas, familiares y amigos

A partir de esa idea, planteó algunos contrapuntos entre el pasado y el presente de la profesión, también con sus tensiones. “Permítanme tomar esta distinción no como algo personal, sino como un reconocimiento a los valores esenciales de un oficio que no solo enfrenta los desafíos y los avatares de una profunda transformación, sino también, y desde hace décadas, el asedio del poder, empeñado, ayer nomás, en fagocitar a las empresas de medios, y hoy en fomentar “el odio” contra los periodistas independientes», afirmó.

En ese marco, describió el contexto actual en el que se desarrolla la actividad: “Trabajamos en un ecosistema comunicacional más complejo, más heterogéneo, horizontal y fragmentado, en el que las redes sociales juegan un papel protagónico, muchas veces para enriquecer el debate público, muchas otras para enturbiarlo y degradarlo”. Y agregó que, en ese escenario, “el periodismo de autor ha adquirido una relevancia fundamental; se ha acentuado el valor de las firmas como referencias de prestigio, de confiabilidad y de calidad”.

Román se refirió a los valores que definen al periodismo profesional de calidad: la

Román –que además es abogado– también se detuvo en los valores que, a su juicio, siguen definiendo al periodismo profesional y de calidad. Mencionó, en primer lugar, la “responsabilidad del lenguaje” o “la ética de la palabra”: “la degradación del lenguaje ha deteriorado nuestro sistema de convivencia de una manera alarmante”, sostuvo. A ese principio sumó el valor de la conversación y la escucha, en un contexto marcado por la polarización: “la prensa profesional sobrevive como un espacio multicolor y pluralista”, afirmó, y destacó a este como un ámbito donde se reflejan distintas voces y se sostiene la idea de “escuchar las dos campanas”. El tercer eje fue la reivindicación de la duda frente a los discursos cerrados: “en un mundo que por momentos parece enfermo de certezas (…) en la prensa profesional se reivindican las preguntas y se valoran los matices”. Y por último, subrayó la importancia de la independencia y la honestidad intelectual, en contraste con la lógica de alineamientos rígidos: el periodismo, dijo, debe sostener “una mirada matizada y profesional (…) desprovista (…) de los fanatismos que llevan a medir las cosas con un doble estándar”.

Hacia el final, eligió una imagen tomada de una anécdota con toques de fábula que dejó un mensaje claro de su mirada sobre el oficio. “Tratar de mirar el mundo desde una perspectiva original –desde los ojos del ratón del cuento en cuestión–, sin creer que eso nos pone en algún pedestal”. Y cerró con un agradecimiento más íntimo y más hondo, vinculado a su historia personal y familiar, en el que destacó “la decencia, la humildad y la pasión” como los valores que –legado de sus padres– guiaron su recorrido.

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