Vaya, vaya: Sensay, una isla en Filipinas, hace exactamente un año se autoproclamó microestado y reemplazó a los políticos por inteligencia artificial. Atrapado por la historia, los llamé. Me atendió un bot. Pregunté por el presidente y me contestó con acento digitalmente filipino: “El programa Oráculo (Organizational Analysis and Causal Understanding for Long-term Operations) no puede atenderlo porque está trabajando”. Dato clave este: la prueba de que no era un político de carne y hueso. Insistí. Seré curioso, amigo bot, ¿qué onda ser gobernados por la IA? “Excelente. Oráculo tiene todas las respuestas porque ha sido instruido con modelos basados en líderes como Winston Churchill, Nelson Mandela, Gandhi y Marco Aurelio, entre otros” (lo googlee y era cierto). Entre esos “otros”, ¿no estará Cristina Elisabet Fernández de Kirchner? “No”, me tiró, seco y cortante, el bot; un botudo. ¿Y Javier Gerardo Milei? “Tampoco. Solo se tomaron como referentes ilustres hombres de Estado que ya han muerto”. Me enojé. ¡Así les va a ir, giles!
Extemporánea mi reacción, porque parece que realmente les está yendo bien. Oráculo va primero en las encuestas. Ahí me puse a pensar: ¿y si le tiramos el fardo a un programa de estos? Hecho afuera, digo. Se lo podemos pedir a Elon Musk, o a Peter Thiel, ahora que vive en el barrio. Si lo hacemos acá siempre está el riesgo de que un peronista meta la cuchara. A ver: partamos de la base de que un gobierno de IA no tiene, por definición, la voracidad de los Kirchner, ni la concupiscencia de Alberto, ni, mucho menos, los delirios postergados de Massita. Milei no se aumenta el sueldo, pero ORÁCULO directamente no cobra. No se le conoce marido o mujer, y, bendito sea, ¡tampoco hermana! Tampoco perros. La quinta de Olivos quedaría liberada para construir shoppings, hoteles, torres y una placita. En la Casa Rosada, un museo de la deuda externa. O topadora (primera en caer, la sala de prensa); despejado el solar, templo mormón de 20 pisos. ¿Todavía no los convencí? Con la IA nos evitamos el incordio de las declaraciones juradas. ¿Cómo es posible que tengamos al país en vilo hasta que Manu Adorni se digne presentar una mísera planilla? ¿Qué espera para pedirle ayuda a Pato Bullrich, que la completó en 5 minutos? ¿Siguen con dudas sobre las bondades de emular a Sensay? Bueno, ahora sí, mi carta fuerte: Oráculo no tuitea. Alabado sea el Señor. ¡No tuitea!
Imperdonable afrenta de Martín Menem a Javi: a su cuenta de X le puso nombre de periodista
Desde el sábado, X es un campo de batalla regado de sangre libertaria. Estremece el corazón asistir a esta guerra de guerrillas en el seno de la familia. De un lado, las Fuerzas del Cielo de Santi Caputo, Caputín, pertrechadas con su expertise en redes, el streaming ensobrado La Misa y acceso a no menos de cinco cajas gordas del Estado. Del otro, los Boys by Karina, que vienen a ser el 3% del mileísmo, pero provistos de la liquidez que da ocupar cargos estratégicos, llevar el apellido Menem y, claro, trabajar para “el Jefe”. En el medio, Javi, turco en la neblina, perro en cancha de bochas, pollo sin cabeza, Adán el Día de la Madre, elefante en un bazar… Mi cielo, el hierro del triángulo devino en plomo y él no sabe para dónde disparar. En realidad, lo que no consigue entender es por qué le tiran a él. La cuenta de X detrás de la que se escondía Martín Menem ya era una afrenta imperdonable: @PeriodistaRufus. A Rufus no lo hizo ingeniero, médico o tarotista: ¡periodista! Del 95%, además, porque se la pasaba posteando contra el Gobierno y hasta se permitió una burla a los perrijos del Pelu. Martincito, aquel al que teníamos por un nene de pañales, resultó ser un consumado diablillo. Es mucho más genuino Daniel Parisini (Gordo Dan), lugarteniente digital de Caputín, que desmiente al Presi en público y se le ríe en la cara. La gran novedad de esta riña de gallos no es que se arranquen los ojos, sino que también hay lugar para las coincidencias: pegarle a Javi. Gratuitamente, además, porque sabemos lo que se cuida de dejar flancos débiles. Todo muy raro. Yo que Javi buscaría explicaciones. Quizás las tenga Oráculo.
Otro consejo. Que obligue a los dos bandos a parlamentar. Hablando la gente se entiende. Una rueda de mate con bizcochitos de grasa no estaría mal. Como personas vulnerables que son, lo haría en una Cámara Gessell, con el Pelu detrás del vidrio espejado. No, mejor no. Pobre vidrio.
Otras víctimas de la guerra intestina, ya lo he dicho, son las buenas noticias, diluidas bajo el fragor de las armas. Crece la actividad económica, bajan las retenciones al campo, el Banco Central compra más reservas que nunca, el Fondo nos mandó 1000 palitos (también nos mandó tarea para el hogar, como no mentir más con el Indec) y pasó la semana sin que conociéramos nuevas inversiones o excursiones de Manu. Por cierto, el bot filipino me contó que Organizational Analysis and Causal Understanding for Long-term Operations no viaja.
En ese caso, ¿quién se ocuparía de melonear a Trump y a Bessent? Una misión de buenos oficios: Kari y Caputín.