Lo que al principio se presentaba como duda, resultó ser un acierto. Un sí frente a lo que la mayoría consideraba un posible fracaso editorial. “¿Un libro chico? No a funcionar, se va a perder entre los otros en las mesas de novedades”, les decían libreros, distribuidores a las dos personas que estaban detrás de sacar un nuevo sello. Les hablaban desde la experiencia y con la mejor de las voluntades. Aun así, insistieron. Entonces, esos libros pequeños de 12 por 17 centímetros empezaron a verse en las líneas de caja, exhibidos -de frente- en lugares estratégicos.
Fáciles de identificar desde el negro pleno de todo el cuerpo del libro, con un diseño tan ordenado en su estructura como llamativo en el contraste de los dos colores que predominan en cada título. La intuición respecto del formato, traía otro plus: el sentido del catálogo. Publicar textos de no ficción: ensayo, correspondencia, literatura del yo, diarios de duelos en clave narrativa. Un terreno extendido desde donde hoy, Vinilo editora, logró posicionar su identidad.
Con Joana D’Alessio y Mauro Libertella como editores, el catálogo suma tanto voces nuevas como plumas reconocidas. Y una colección, Sencillos, que ofrece una vez al año una temática sobre la que escriben varios autores. “En el caso de algunos de nuestros libros, una serie sobre determinados temas. Las diatribas, las fobias, los elogios, las adicciones. Y pronto: papelones”, destaca D’Alessio.
El trabajo editorial en sí, está resaltado por el recorrido de cada uno de ellos. Mauro Libertella (México, 1983) es escritor, periodista cultural -escribió en Revista Ñ, Clarín, muchos años-, editor de La Agenda. De familia de escritores, hijo de Héctor Libertella y Tamara Kamenszain. “Fui muy lector de chico y entre los 15 y los 20 dejé de leer. Traté de que no me gustaran los libros, porque los libros eran ellos. Claramente fracasé con el intento de ruptura del legado familiar y me anoté en Letras, previo paso por Abogacía, Filosofía. Ahí me reconcilié con la idea de que me gustaba lo mismo que mis padres. Me llevó algunos años hacer ese rodeo, pero llegué”.
Como autor, algunos de sus títulos Mi libro enterrado, El invierno con mi generación. Y editado en Vinilo en 2025, Canción llévame lejos. Por su parte, Joana D’Alessio (Brasil, 1977) viene del mundo audiovisual. Fue productora de cine y TV, trabajó en publicidad. Desde 2018 es también editora del sello Ralenti -junto a Violeta Noetinger-, libros para chicos con una fuerte impronta visual. Es autora de Pequeño tratado sobre la amistad (Vinilo, 2023). “Lo operativo y lo productivo no están disociados como uno cree. Alguien que escribe bien, te manda un libro que tiene una linda prosa, pero que eso sea un libro, implica un montón de trabajo. Corregirlo, editarlo. Yo crecí con esa idea que decía mi papá de: 90 por ciento trabajo y 10 inspiración. Y de que yo era 99 por ciento trabajo. Trabajar en equipo me resulta muy satisfactorio”.
En la génesis de Vinilo anida algo que linkea con el sentido de su catálogo. Un eje en lo real. “La primera vez que nos vimos fue con barbijos. En un bar cerca de la editorial. En 2020”, dice Libertella. Ambos se conocieron ahí, sentados al aire libre y con las bocas tapadas. Respecto de la concreción de la editorial, Joana D’Alessio agrega: “En 2021 salió el primer libro. Me gustaba la idea de hacer un sello con objetos lindos, chiquitos y aparece la idea de un sello de no ficción con una primera colección de libros pequeños”.
Los dos editores no se habían cruzado antes de aquel día, de hecho, se conocieron a través de un amigo en común, el escritor Nicolás Schuff. “Ella me convoca a través de Nico -subraya Libertella-. Yo sabía de qué se iba a tratar el proyecto porque él me lo había anticipado. Que iba a hacer un sello que se llamaría Vinilo; el formato, pequeño. Breves. Y de no ficción creativa, enunciativa. Esas son las tres columnas que sostienen la identidad editorial. En mi recuerdo, ya estaban definidas en esa primera conversación”.
La brevedad es un poco de época. Libros que se leen en unos días. Que son fáciles de llevar
Y además, editar formatos que consumen como lectores. “Me gustó la idea porque es el tipo de literatura que vengo leyendo en los últimos largos años. Textos híbridos no muy clasificables a nivel de los géneros, que no se sabe muy bien qué tipo de etiquetas ponerles: un poco ensayo, un poco carta, diario, crónica, testimonio, autobiografía, un poquito de nouvelle. No podemos llamar a todo novela, por esto que decía Mario Levrero que cualquier texto que pongas entre una tapa y una contratapa es una novela; eso es cierto, también. La brevedad es un poco de época”.
Libros que se leen en unos días. Que son fáciles de llevar. Así, La pasión y la condena, de Juan Villoro sobre la escritura va por el mundo en sus 80 páginas. También en las 80, el título de Cecilia Pavón, Poesía estructurada. La pizarra mágica, de Virginia Cosin, 72.
Lo humano y lo operativo también entran en la ecuación. Sentados uno frente al otro, sobre los sillones como de casa, que son parte de esa oficina dentro de la editorial, entre Joana D’Alessio y Mauro Libertella hay un código de entendimiento en lo gestual. En la disposición de los cuerpos, en los pequeños balanceos hacia adelante cuando hablando sobre lo que más les gusta de editar juntos, de sus libros y autores. Sobre esto, Libertella dice: “Hicimos una prueba piloto porque no nos conocíamos y es raro tirarse a armar una editorial entre dos personajes que no se conocen. En una editorial entran en juego el gusto, las relaciones entre las personas, porque estás todo el día trabajando con el otro. Empezamos con tres meses, porque tal vez nos dábamos cuenta de que nos detestábamos, por ejemplo (risas)”.
Después de escucharlo, D’Alessio agrega: “Un socio es algo medio natural, no lo podés forzar. Es difícil. Tiene que ver con una forma de ver el mundo, una ética del trabajo, una forma de vincularse. Igual, digamos la verdad. Mauro es fácil: odia el conflicto. Busca una forma de acomodarse”.
Núcleos grandes en cuerpos chicos
Entre los textos que construyen el catálogo, lo epistolar -la correspondencia, en el sentido más ajustado de corresponderle al otro- tiene su propia parada dentro del mapa de la editorial. Nuestro plan de fiesta, es el ida y vuelta entre dos escritoras latinoamericanas, Camila Fabbri y Jazmina Barrera. “Conversan acerca del dinero, la crisis, el trabajo, la maternidad y el amor”, se lee como bajada al qué del libro.
También la reciente publicación de lo que va de 2026 de los diálogos entre la escritora y guionista Tamara Tenenbaum y de la “enamorada de la comida y de las palabras” Natalia Kiako, faro que pone luz desde sus redes sobre algo mucho más amplio que recetas e ingredientes, y que, a propósito de la escritura, pasó por la carrera de Letras. Entonces, en Una dietética para la vida, entre los “Querida Natalia” o los “Tamara querida”, se conversa -y se escribe- sobre temas y variaciones que partieron de esta pregunta: ¿por qué te fascina tanto la comida? Entre todo lo que escriban, dos destacados. El primero, de Natalia Kiako: “No estoy hablando de cocinarle a mi familia, en patas. De hacer un budín sin ningún deseo de comerlo: un budín dedicado a una amiga que viene a tomar mate. A mi novio que es terriblemente dulcero. Me gusta comer, me gusta compartir eso con las personas que quiero y que generalmente también son fans de comer: es un código con esas personas. Como cuando leés un libro y pensás en alguien que lo va a amar”.
Más adelante, en el libro, pero no en la carta que le responde a esta, Tamara Tenenbaum escribió: “Pienso incluso que los restaurantes que me gustan son los que generan esa misma sensación de hogar, que ni siquiera tiene que ver con una comida en particular, no es que tiene que ser comida de abuela y guiso de cuchara; es una sensación de mezcla de dedicación y comodidad”. Y luego, ya sobre esa lógica, desarrolla por completo esto: “Creo que para mí la comida hace más hogar que el orden, pongamos, porque es algo que transcurre en el tiempo; se arma y se desarma en cualquier lado, pero al mismo tiempo va con vos a todas partes”.
En diálogo con este libro, dentro de la temática de comida, alimentación, Vinilo suma dos títulos más: el de la reconocida doctora, divulgadora científica y escritora Mónica Müller, Sobre lo natural. Y el del periodista gastronómico Rodo Reich, Menú del día.
También de este 2026 es el libro de Lucila Gurman, Salvo el presente. Si bien se define como una novela, mezcla varios géneros de no ficción: diario de un duelo (su separación), registro del avance del párkinson de su padre, “funciona como un autorretrato” en una narradora de cuarenta años, a mitad de la vida, con sus roles de hija y madre. Gurman es médica psiquiátrica y construye una narración desde el punto de vista de una hija que siempre miró a ese padre, sin que la prosa esté cargada de tecnicismos médicos.
“A mi papá le diagnosticaron párkinson cuando tenía cuarenta. Nos mantuvo alejadas lo más que pudo de su propia enfermedad, hasta que fue imposible quedar afuera del planeta rígido y mudo”. Y luego, los detalles: “Dejó de trabajar joven. Primero se quedó dormido en una sesión, y su paciente, que lo quería tanto, le tocó el hombro y lo despertó: `Dr. Gurman’. Después, una tarde, cuatro pacientes le avisaron que no podían ir, y mi papá dijo: ‘Llegó este día’.
Con cinco años de libros publicado en circulación, Joana D’Alessio ya tiene el eco de lo que pasa del otro lado con lectores. “Nos pasa con Vinilo que nos dicen: ‘Hacía mucho que no podía terminar un libro y lo terminé’. Es algo que por ahí la alta literatura (piensa y sigue): tenemos haters en Twitter que nos desprecian (se ríe). Como si hiciéramos libros fáciles. A mí no me importa nada, que digan lo que quieran. Para mí es un tema que se une: el tema comercial, con lograr vender los libros, que la gente lea, se entusiasme”. Deja de hablar. Se reacomoda en el sillón y sigue: “Hitchcock decía: el cine es un arte y una sala que hay que llenar. Yo desde el primer momento estuve pensando en que los libros fueran lindos, atractivos, que los quisieras agarrar. También, qué precio iban a tener, cómo los íbamos a comunicar. Para mí el libro termina cuando alguien lo leyó. No cuando lo mandé a imprenta. Esa cosa de lo comercial siempre me interesó muchísimo. Nosotros hacemos cosas como stickers y demás, y nuestros haters se ríen de nosotros, y a nosotros nos parece que ayuda muchísimo a venderlos”.
Reconocen el desafío como editores “es encontrar los temas que van a venir. No ir al tema que ya está instalado”. Desde esa decisión, Libertella dice: “El problema de los temas tiene una especie de asterisco. Si hay un libro increíble a nivel escritura, no importa si el tema ya fue transitado o si tenemos ocho libros en el catálogo. Si la escritura es deslumbrante, siempre le va a ganar a cualquier tema. Y se vuelve a la frase histórica de que la literatura son tres temas”.
Recapitulando: buena prosa, adelante. Pero qué pasa cuando llegan manuscritos que no tientan para publicarse. “Rechazar libros es una de las cosas más difíciles en una editorial -señala D’Alessio. Conversando con editores, todos coinciden en que es de los momentos menos agradables. Afortunadamente, nos llegan muchos manuscritos. Diría que, como en cualquier editorial, el 90 y pico de las cosas que te llegan no podés publicarlas: es imposible tantos libros por año. La editorial fue perfilándose y recibiendo un tipo de material”.
Para Libertella, hay algo que compensa ese momento difícil de decir que no. “Así como rechazar manuscritos es uno de los más difíciles, en el otro extremo, uno de los que más nos gusta es el de las tapas. Recibir las tapas del diseñador. Ahora trabajamos con Ignacio Marmarides. Pero empezamos con Max Rompo. Es un momento muy lindo, siempre. Pensar la tapa, recibir el primer boceto: es un gran momento”.
