Este jueves se conoció la lista de los 26 jugadores que representarán a la selección argentina en el Mundial 2026, que arrancará exactamente en dos semanas. Y en el recambio que impuso Lionel Scaloni entre la Copa del Mundo obtenida en 2022 y la que defenderá en unos días, la decisión de llevar a Giovani Lo Celso sorprendió a muchos. Parte importante del proceso desde el inicio de la gestión, las lesiones lo castigaron demasiado, especialmente en los últimos meses, al punto de que podría sumar sus primeros minutos en una cita mundialista: toda una revancha para el que era una fija en Qatar y se quedó afuera sobre la hora.
Las informaciones lo colocaban en duda hasta último momento. No por su última lesión, de la que se recuperó hace varias semanas, sino por los apellidos con los que competía para meterse en uno de los dos lugares disponibles en la consideración del entrenador: Valentín Barco, el otro que irá por su gran presente en Racing de Estrasburgo; Franco Mastantuono, el primero que quedó sin posibilidades, pese a pertenecer a Real Madrid, el estatus que lo sostenía; Emiliano Buendía, acaso el que muchos querían por su enorme influencia en el Aston Villa campeón de la UEFA Europa League y de gran campaña en la Premier League. Sin embargo, Scaloni no olvidó, evidentemente, la clase del ‘Monito’.

Tampoco deja de ser cierto que hay una debilidad especial con Giovani, siempre admitida por el conductor del combinado nacional. Sobre todo, en los momentos en los que ya sufría internamente por lo que ocurriría en noviembre de 2022: tener que tomar la decisión de dejarlo afuera de la delegación que se terminó consagrando en suelo qatarí: “Le tenemos un aprecio especial, estuvo desde el primer día con nosotros. Además de que siempre ha jugado, es uno de los pilares de nuestro equipo”.
Incluso, cuando Scaloni se refirió a los inicios, bien pudo haber incluido la etapa de Jorge Sampaoli, en la que el campeón del mundo era colaborador y desde ese lugar empezó a ganarse la confianza de muchos jugadores. Uno de ellos era Lo Celso, que fue la gran aparición en el equipo en los amistosos previos a ir a Rusia, con un gran entendimiento con Lionel Messi. Sin embargo, de repente, cuando llegó la competición no sumó ni siquiera un segundo dentro del campo de juego, acaso uno de los cuestionamientos dentro de una participación constantemente convulsionada.

Son 65 partidos con la camiseta albiceleste, formando parte del ciclo Scaloni desde el primer amistoso ante Guatemala, el 8 de septiembre de 2018. Podrían ser más, pero aquel taco inocente que practicó un 30 de octubre jugando para Villarreal contra Athletic Club de Bilbao, 20 días antes del inicio del último Mundial, le causó un fuerte desgarro en el bíceps femoral y los tiempos no dieron como para esperarlo. Si fuera por el DT, lo hacía, pero no era lo indicado. Ahora sí le dará el lugar.
“El día más triste como jugador fue cuando me dijeron que no podía ir al Mundial de Qatar”, confesó el rosarino tiempo después. Porque, además, siempre perteneció a la famosa ‘mesa chica’ de referentes que fueron testigos del comienzo. La que hoy integran Rodrigo De Paul, Leandro Paredes y Nicolás Otamendi, como laderos del 10.
Quizás, no ser parte de los 26 que levantaron el brilloso trofeo lo hace pagar un precio popular exagerado. La mirada de reojo se mantiene. Aun cuando fue medalla de bronce en la Copa América 2019 y tricampeón: conquistó la edición 2021 en el Maracanã, la Finalíssima ante Italia en 2022 y fue fundamental para levantar la Copa América 2024: ingresó desde el banco en la final frente a Colombia y su pase exquisito para la corrida mano a mano de Lautaro Martínez derivó en el gol del título. No alcanzó para ganarse el corazón de los fanáticos, toda una rareza.
Las señales de alarma, además, tienen que ver con la inactividad que arrastró en Betis.
