La película más hipnótica y aclamada del año: un homenaje al cine para aquellos que piensan que ya no se puede soñar a través de las imágenes

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En el panorama del cine contemporáneo, pocas películas han logrado articular una celebración del propio lenguaje audiovisual como Resurrection, la última obra del director chino Bi Gan. La cinta, que obtuvo el Premio Especial del Jurado en el pasado Festival de Cannes, propone un viaje conceptual por la historia del séptimo arte, fusionando géneros, épocas y estilos en una estructura tan alambicada como apasionante.

Resurrection sitúa su relato en un mundo en el que la humanidad ha prolongado su existencia renunciando por completo a la capacidad de soñar. En este nuevo orden social, sobreviven unos pocos individuos conocidos como ‘delirantes’ o ‘fantasmers’, quienes desafían el conformismo refugiándose en universos ficticios inspirados en diferentes períodos y referentes del cine clásico.

Ante ellos se alza la figura de una misteriosa mujer, encarnada por la mítica actriz Shu Qi, cuyo cometido es rescatarlos de estos estados y devolver la linealidad al tiempo, preservando la esencia de la experiencia humana. La película, con una duración de 160 minutos, está protagonizada también por Jackson Yee, quien interpreta al mismo personaje en diferentes momentos de la historia.

Un repaso por todos los géneros del cine

La estructura de Resurrection se articula en cinco o seis episodios (según diferentes lecturas) y cada uno rinde homenaje a una etapa y género cinematográfico: del cine mudo y el expresionismo alemán hasta el noir de los años cuarenta, pasando por el drama rural chino, el folclore nacional y la evocación estilística de autores como Wong Kar-wai o Hou Hsiao-hsien.

Shu Qui, musa del cine chino en 'Résurrection', de Bi Gan

El primer bloque está ambientado en las primeras décadas del siglo XX y reconstruye el asombro de los pioneros, con referencias a El regador regado de los hermanos Lumière, Viaje a la luna, de George Méliès, Nosferatu, de Murnau y elementos del ‘pre-cine’ y del expresionismo. En este pasaje, la pantalla se convierte en una “caja mágica” repleta de imágenes y juegos visuales realmente abrumadores.

La narración progresa a través de distintas décadas y estilos, guiando al espectador con el personaje interpretado por Jackson Yee, que cambia de identidad en cada bloque, hasta alcanzar el plano secuencia de cuarenta minutos rodado en la víspera del año 2000.

Imagen de 'Resurrection' de Bi Gan

Durante este segmento, el protagonista, acompañado de una ‘mujer-vampiro’, se pierde en una sucesión de fiestas, peleas y karaokes, recreando la atmósfera propia del cine asiático de finales del siglo XX. Las características técnicas de esta secuencia muestran el virtuosismo del autor, que ya demostró sus capacidades en su anterior obra, Largo viaje hacia la noche, otro auténtico prodigio estilístico, también de estirpe experimental, aunque no del calibre de Resurrection, que rompe cualquier límite.

El desenlace retoma el motivo del rescate: la figura de Shu Qi recupera al ‘fantasmer’ y lo transforma en un monstruo fílmico, en una operación que tiene que ver con la propia naturaleza del filme. El plano final muestra una sala de cine en la que las figuras parecen derretirse y la pantalla arde, una metáfora nostálgica del final del cine.

Devolver la emoción en un mundo tecnológico

Bi Gan explicó en la rueda de prensa de la Seminci, donde estuvo presente el filme: “el cine, para mí, siempre es un juego. Y estas son simplemente maneras de hacer cine. Lo más importante es el final, son las personas que brillan en la película, la emoción. No solo hacia el cine sino también hacia el mundo”.

El director Bi Gan, ganó con 'Resurrection', el Premio Especial del Jurado en el pasado Festival de Cannes REUTERS/Sarah Meyssonnier

El cineasta profundizó en el mensaje de la película durante su intervención en la Semana Internacional de Cine de Valladolid: “Vivimos en un mundo de tecnología muy avanzada, dependemos de ella por completo en nuestros actos cotidianos. Y es normal que haya muchos autores preocupados por el futuro. Pero tenemos que recordar que lo que realmente necesitamos es nuestro cuerpo. Usamos las piernas para andar e ir más lejos, los ojos para ver, la mente para pensar. Por supuesto, el cambio del mundo hace que estemos pendientes de la máquina, pero creo que tenemos que volver a las cosas tradicionales, antiguas, puras, simples. Nuestro conocimiento del mundo parece fallido pero es lo que construye nuestra consciencia y nuestra sociedad, es lo que hace que seamos humanos”.

La película alterna géneros y formatos, combinando homenajes a grandes nombres y estilos del cine global. El filme utiliza tres formatos distintos y una mezcla de géneros: desde el fantástico y policiaco hasta el drama folclórico en una amalgama tan insólita y desconcertante como apabullante convirtiendo el relato en una eterna paradoja: nos encontramos en un mundo en el que ya nadie sueña porque hemos bloqueado todo acceso al subconsciente.

La experimentación formal es constante en 'Resurrection', de Bi Gan

Resurrection es una experiencia ‘inmersiva’ alucinada y alucinante, una rareza avasalladora, una fábula indómita, de una originalidad tan extrema que no se ha visto nunca nada igual en el cine. Una experiencia exigente también, pero tan hipnótica y embriagadora que deja sin palabras.

En el panorama del cine contemporáneo, pocas películas han logrado articular una celebración del propio lenguaje audiovisual como Resurrection, la última obra del director chino Bi Gan. La cinta, que obtuvo el Premio Especial del Jurado en el pasado Festival de Cannes, propone un viaje conceptual por la historia del séptimo arte, fusionando géneros, épocas y estilos en una estructura tan alambicada como apasionante.

Resurrection sitúa su relato en un mundo en el que la humanidad ha prolongado su existencia renunciando por completo a la capacidad de soñar. En este nuevo orden social, sobreviven unos pocos individuos conocidos como ‘delirantes’ o ‘fantasmers’, quienes desafían el conformismo refugiándose en universos ficticios inspirados en diferentes períodos y referentes del cine clásico.

Ante ellos se alza la figura de una misteriosa mujer, encarnada por la mítica actriz Shu Qi, cuyo cometido es rescatarlos de estos estados y devolver la linealidad al tiempo, preservando la esencia de la experiencia humana. La película, con una duración de 160 minutos, está protagonizada también por Jackson Yee, quien interpreta al mismo personaje en diferentes momentos de la historia.

Un repaso por todos los géneros del cine

La estructura de Resurrection se articula en cinco o seis episodios (según diferentes lecturas) y cada uno rinde homenaje a una etapa y género cinematográfico: del cine mudo y el expresionismo alemán hasta el noir de los años cuarenta, pasando por el drama rural chino, el folclore nacional y la evocación estilística de autores como Wong Kar-wai o Hou Hsiao-hsien.

Shu Qui, musa del cine chino en 'Résurrection', de Bi Gan

El primer bloque está ambientado en las primeras décadas del siglo XX y reconstruye el asombro de los pioneros, con referencias a El regador regado de los hermanos Lumière, Viaje a la luna, de George Méliès, Nosferatu, de Murnau y elementos del ‘pre-cine’ y del expresionismo. En este pasaje, la pantalla se convierte en una “caja mágica” repleta de imágenes y juegos visuales realmente abrumadores.

La narración progresa a través de distintas décadas y estilos, guiando al espectador con el personaje interpretado por Jackson Yee, que cambia de identidad en cada bloque, hasta alcanzar el plano secuencia de cuarenta minutos rodado en la víspera del año 2000.

Imagen de 'Resurrection' de Bi Gan

Durante este segmento, el protagonista, acompañado de una ‘mujer-vampiro’, se pierde en una sucesión de fiestas, peleas y karaokes, recreando la atmósfera propia del cine asiático de finales del siglo XX. Las características técnicas de esta secuencia muestran el virtuosismo del autor, que ya demostró sus capacidades en su anterior obra, Largo viaje hacia la noche, otro auténtico prodigio estilístico, también de estirpe experimental, aunque no del calibre de Resurrection, que rompe cualquier límite.

El desenlace retoma el motivo del rescate: la figura de Shu Qi recupera al ‘fantasmer’ y lo transforma en un monstruo fílmico, en una operación que tiene que ver con la propia naturaleza del filme. El plano final muestra una sala de cine en la que las figuras parecen derretirse y la pantalla arde, una metáfora nostálgica del final del cine.

Devolver la emoción en un mundo tecnológico

Bi Gan explicó en la rueda de prensa de la Seminci, donde estuvo presente el filme: “el cine, para mí, siempre es un juego. Y estas son simplemente maneras de hacer cine. Lo más importante es el final, son las personas que brillan en la película, la emoción. No solo hacia el cine sino también hacia el mundo”.

El director Bi Gan, ganó con 'Resurrection', el Premio Especial del Jurado en el pasado Festival de Cannes REUTERS/Sarah Meyssonnier

El cineasta profundizó en el mensaje de la película durante su intervención en la Semana Internacional de Cine de Valladolid: “Vivimos en un mundo de tecnología muy avanzada, dependemos de ella por completo en nuestros actos cotidianos. Y es normal que haya muchos autores preocupados por el futuro. Pero tenemos que recordar que lo que realmente necesitamos es nuestro cuerpo. Usamos las piernas para andar e ir más lejos, los ojos para ver, la mente para pensar. Por supuesto, el cambio del mundo hace que estemos pendientes de la máquina, pero creo que tenemos que volver a las cosas tradicionales, antiguas, puras, simples. Nuestro conocimiento del mundo parece fallido pero es lo que construye nuestra consciencia y nuestra sociedad, es lo que hace que seamos humanos”.

La película alterna géneros y formatos, combinando homenajes a grandes nombres y estilos del cine global. El filme utiliza tres formatos distintos y una mezcla de géneros: desde el fantástico y policiaco hasta el drama folclórico en una amalgama tan insólita y desconcertante como apabullante convirtiendo el relato en una eterna paradoja: nos encontramos en un mundo en el que ya nadie sueña porque hemos bloqueado todo acceso al subconsciente.

La experimentación formal es constante en 'Resurrection', de Bi Gan

Resurrection es una experiencia ‘inmersiva’ alucinada y alucinante, una rareza avasalladora, una fábula indómita, de una originalidad tan extrema que no se ha visto nunca nada igual en el cine. Una experiencia exigente también, pero tan hipnótica y embriagadora que deja sin palabras.

  

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