Redacción Internacional, 23 abr (EFE).- Los intentos de los demócratas para limitar los poderes de guerra del presidente estadounidense, Donald Trump, no consiguen superar en el Congreso el veto de la mayoría republicana, que frena la intención de exigirle la aprobación de los legisladores antes de actuar en la ofensiva contra Irán.
El miércoles se produjo el último ejemplo. Por 46 votos frente a 51, la Cámara Alta bloqueó una resolución impulsada por la senadora Tammy Baldwin que buscaba poner fin «de inmediato» a ese conflicto, tachado de «ilegal» y que habría forzado a Trump a requerir una autorización parlamentaria para retomarlo.
Hasta ahora ha habido cinco tentativas en el Senado desde el pasado 4 de marzo y otras dos en la Cámara de Representantes. Ambos hemiciclos están bajo control republicano.
Trump inició junto con Israel la guerra contra Irán el 28 de febrero sin la aprobación del Congreso y envió su carta formal de notificación el 2 de marzo. En aquel momento afirmó que actuó bajo su autoridad como comandante en jefe para proteger las bases estadounidenses en Oriente Medio, «promover los intereses nacionales vitales» del país y en defensa colectiva de sus aliados regionales.
La Resolución de Poderes de Guerra de 1973 permite al mandatario eludir al Congreso en un primer momento, pero le exige notificar la acción militar en las 48 horas posteriores y a partir de entonces prohíbe que las fuerzas permanezcan desplegadas más de 60 días sin la autorización pertinente, con una extensión adicional de otros 30.
El primer margen se cumple este 1 de mayo y el líder republicano empieza a enfrentarse no solo a la oposición ciudadana, sino también a cierto rechazo en sus filas, con algunos senadores conservadores opuestos a concederle ese mes extra.
Según resume el diario The New York Times, pasado ese primer plazo de 60 días Trump contaría básicamente con tres opciones: solicitar autorización del Congreso para continuar la ofensiva, comenzar a reducir la participación de EE.UU. o aplicar esa prórroga de 30 días para garantizar una retirada segura.
La Resolución de Poderes de Guerra fue aprobada en 1973, tras la escalada de la guerra de Vietnam (1955-1975), para impulsar que el comandante en jefe deba consultar al Congreso antes de implicar a las fuerzas en hostilidades activas o inminentes. Salió adelante pesar del veto del entonces presidente, el republicano Richard Nixon (1969-1974).
En la Biblioteca Presidencial Nixon se destaca que la controversia la ha acompañado desde el principio: mientras el poder ejecutivo cita continuamente la necesidad de una mayor flexibilidad para proteger militarmente los intereses de EE.UU. en el extranjero, el poder legislativo afirma su necesidad de mantener su control sobre el poder presidencial.
Aunque desde la Casa Blanca y desde la mayoría republicana se alega que Trump está actuando bajo los poderes que le confiere esa resolución, los demócratas se aferran a provisiones de la misma para intentar limitar su poder antes de los plazos marcados.
En concreto, su sección 5 estipula posibles respuestas del Congreso para poner fin a un uso no autorizado de la fuerza militar por parte del presidente, pero el control republicano en el mismo está impidiendo que salga adelante cualquier resolución.
Baldwin, la senadora que ha estado al frente del último intento, subrayó que la guerra contra Irán ha sido en su totalidad «innecesaria, ilegal e imprudente», por lo que es necesario frenarla «antes de que empeore aún más».
A poco más de una semana de que se cumpla el plazo de los 60 días, el rechazo sigue patente entre la ciudadanía: según un sondeo efectuado por Reuters/Ipsos entre el 15 y el 20 de abril, solo un 36 % de estadounidenses apoya los bombardeos contra la República Islámica, un porcentaje similar al de la encuesta inmediatamente anterior. EFE
Redacción Internacional, 23 abr (EFE).- Los intentos de los demócratas para limitar los poderes de guerra del presidente estadounidense, Donald Trump, no consiguen superar en el Congreso el veto de la mayoría republicana, que frena la intención de exigirle la aprobación de los legisladores antes de actuar en la ofensiva contra Irán.
El miércoles se produjo el último ejemplo. Por 46 votos frente a 51, la Cámara Alta bloqueó una resolución impulsada por la senadora Tammy Baldwin que buscaba poner fin «de inmediato» a ese conflicto, tachado de «ilegal» y que habría forzado a Trump a requerir una autorización parlamentaria para retomarlo.
Hasta ahora ha habido cinco tentativas en el Senado desde el pasado 4 de marzo y otras dos en la Cámara de Representantes. Ambos hemiciclos están bajo control republicano.
Trump inició junto con Israel la guerra contra Irán el 28 de febrero sin la aprobación del Congreso y envió su carta formal de notificación el 2 de marzo. En aquel momento afirmó que actuó bajo su autoridad como comandante en jefe para proteger las bases estadounidenses en Oriente Medio, «promover los intereses nacionales vitales» del país y en defensa colectiva de sus aliados regionales.
La Resolución de Poderes de Guerra de 1973 permite al mandatario eludir al Congreso en un primer momento, pero le exige notificar la acción militar en las 48 horas posteriores y a partir de entonces prohíbe que las fuerzas permanezcan desplegadas más de 60 días sin la autorización pertinente, con una extensión adicional de otros 30.
El primer margen se cumple este 1 de mayo y el líder republicano empieza a enfrentarse no solo a la oposición ciudadana, sino también a cierto rechazo en sus filas, con algunos senadores conservadores opuestos a concederle ese mes extra.
Según resume el diario The New York Times, pasado ese primer plazo de 60 días Trump contaría básicamente con tres opciones: solicitar autorización del Congreso para continuar la ofensiva, comenzar a reducir la participación de EE.UU. o aplicar esa prórroga de 30 días para garantizar una retirada segura.
La Resolución de Poderes de Guerra fue aprobada en 1973, tras la escalada de la guerra de Vietnam (1955-1975), para impulsar que el comandante en jefe deba consultar al Congreso antes de implicar a las fuerzas en hostilidades activas o inminentes. Salió adelante pesar del veto del entonces presidente, el republicano Richard Nixon (1969-1974).
En la Biblioteca Presidencial Nixon se destaca que la controversia la ha acompañado desde el principio: mientras el poder ejecutivo cita continuamente la necesidad de una mayor flexibilidad para proteger militarmente los intereses de EE.UU. en el extranjero, el poder legislativo afirma su necesidad de mantener su control sobre el poder presidencial.
Aunque desde la Casa Blanca y desde la mayoría republicana se alega que Trump está actuando bajo los poderes que le confiere esa resolución, los demócratas se aferran a provisiones de la misma para intentar limitar su poder antes de los plazos marcados.
En concreto, su sección 5 estipula posibles respuestas del Congreso para poner fin a un uso no autorizado de la fuerza militar por parte del presidente, pero el control republicano en el mismo está impidiendo que salga adelante cualquier resolución.
Baldwin, la senadora que ha estado al frente del último intento, subrayó que la guerra contra Irán ha sido en su totalidad «innecesaria, ilegal e imprudente», por lo que es necesario frenarla «antes de que empeore aún más».
A poco más de una semana de que se cumpla el plazo de los 60 días, el rechazo sigue patente entre la ciudadanía: según un sondeo efectuado por Reuters/Ipsos entre el 15 y el 20 de abril, solo un 36 % de estadounidenses apoya los bombardeos contra la República Islámica, un porcentaje similar al de la encuesta inmediatamente anterior. EFE
