La nutrición de Sebastián Sawe: una de las claves para romper una marca histórica en Londres

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Resulta muy extraño, pero para correr más rápido de lo que nadie imaginó, Sabastian tuvo que comer más rápido que nadie antes. Sabastian Sawe escribió en Londres su nombre sobre piedra al quebrar la “Gran Muralla China” del running: correr la maratón en menos de dos horas. El hito que durante casi un siglo se pensó humanamente imposible fue derribado. Y dentro de los múltiples detalles que fueron pulidos de forma obsesiva para mejorar, uno casi oculto fue la alimentación. Más allá de las líneas de nutrición generales, en su caso se focalizó en un factor muy especial, la alimentación en carrera. Cómo absorber la mayor cantidad de energía posible mientras se corre a más de 20 km/h. Y ahí Sawe rompió otro mito.

Desde los pioneros del maratón, que se hidrataban con whisky para paliar el sufrimiento e ingerían mínimas dosis de estricnina y cocaína para estimular el sistema nervioso, la nutrición deportiva cambió bastante. El alcohol a lo sumo se deja para algún festejo pos carrera, la estricnina se utiliza para matar ratas y la cocaína no se recomienda en deportistas, ni sedentarios. Ya en el siglo XXI, con la ciencia y sus laboratorios abocados a superar las barreras humanas, se aplicó un estudio que incluye carbono-13 (una “versión” rara del carbono normal), bases de amortiguante para el ácido láctico, capsulas de hidrogel para evitar el estrés estomacal y varios factores más que bien parecen la detención de un Fórmula 1 en boxes, donde cada centésima pesa. Al final de cuentas, estos atletas son la Fórmula 1 humana.

Sabastian Sawe sostiene la zapatilla, que tiene escrita la marca récord que impuso en el maratón de Londres

Pero antes de llevar todo al límite, repasemos qué dice el reglamento. Los atletas pueden recibir asistencia externa cada 5 kilómetros en puestos destinados para tal fin. También pueden largar la carrera con los alimentos y bebidas que quieran con ellos, aunque esto sea un peso extra. Así, un maratonista profesional suele tener siete u ocho puestos donde reciben bebidas y comida (esta en forma de geles digeribles). La diferencia con los corredores aficionados es que ellos pueden entregar a la organización su nutrición personalizada, y ahí estuvo la clave en la gesta de Londres.

Sabastian Sawe rompió toda la lógica al correr en 1h59m30s. Pero todo empezó mucho antes, doce meses para ser exactos, cuando un equipo de científicos deportivos le realizó un seguimiento exhaustivo en Kapsabet, Kenia, donde él vive. ¿Qué analizaron? Para medir cuántos carbohidratos externos estaba realmente quemando su cuerpo en tiempo real, le hicieron ingerir carbono-13, que son isótopos estables del carbono, que se pueden medir. Para rastrear con precisión el gasto total de energía consumió agua doblemente etiquetada. Tuvieron registros minuciosos de alimentos y cargas de entrenamiento para ajustar la estrategia metabólica. Y quizás lo más extraordinario, entrenó su sistema digestivo sesión tras sesión, exponiendo de forma gradual sus transportadores intestinales a cargas de carbohidratos cada vez más altas. Luego de todos esos meses logró casi duplicar la ingesta de hidratos de carbono en carrera respecto de otros atletas de elite.

Sebastian Sawe,de Kenia, celebra tras ganar la carrera masculina en la Maratón de Londres

Los corredores más rápidos del planeta suelen absorber entre 60 y, como mucho, 90 gramos de hidratos de carbono por hora de carrera. Aquí la cuenta es simple: mientras más energía adquieren, más pueden gastar con sus zancadas. ¿Por qué no comen más y listo? Porque el sistema digestivo no lo tolera. Se genera malestar, pesadez, náuseas e incluso vómitos; imposible lograr así el máximo resultado. Sawe, durante un año, replicó exactamente en sus entrenamientos el esquema nutricional que usaría el día de la competencia. Pero también utilizó productos de la marca Mautren, que utilizan una tecnología de hidrogel diseñada para encapsular los carbohidratos. Esta formulación facilita que el combustible pase por el estómago de forma más fluida hacia el intestino, minimizando la irritación gástrica.

Resultado final: Sabastian pudo ingerir y asimilar 115 gramos de hidratos de carbono por hora a lo largo de las calles de Londres. ¿Cómo lo hizo? El día de la carrera nada estaba librado al azar. Justo dos horas antes de largar consumió una mezcla de bicarbonato de sodio de Maurten para actuar como amortiguador contra el ácido láctico. El momento de la ingesta no fue deliberado: Sawe se aseguró de tener la máxima capacidad de amortiguación 120 minutos más tarde, justo al momento de la salida. En el colectivo que los llevaba a la largada fue tomando sorbos de bebida isotónica. Cinco minutos antes de largar consumió un gel (al igual que hacía antes de cada entrenamiento largo). En los kilómetros 5, 10 y 15 bebió 160 ml de Drink Mix 320. En el kilómetro 20 cambió a un gel con cafeína acompañado de 130 ml de Drink Mix 160. Y en los puestos del 25, 30, 35 y 40 tomó 130 ml de la misma bebida. Una hora, cincuenta y nueve minutos y treinta segundos después de largar, estaba reescribiendo la historia del atletismo.

Una sinfonía fisiológica perfecta para un final de película, si no fuera por un detalle. Parece ser que en algún puesto de abastecimiento Sabastian no recogió una botella, el plan tuvo un pequeño error. ¿Podría haber corrido unos segundos más rápido con la nutrición perfecta? No lo sabremos. Lo que sí está confirmado es que Yomif Kejelcha, su rival kilómetro a kilómetro por las calles londinenses, no utilizó los servicios ni los productos de reabastecimiento de Maurten, y llegó apenas 11 segundos por detrás, también quebrando la barrera de las dos horas. ¿Qué tan determinante fue entonces la nutrición?

Nunca se sabrá, pero el mismo Kejelcha reconoció al terminar que se quedó sin energías en el último kilómetro y medio, cuando Sawe le dio la estocada final. Fue recién ahí donde logró esa diferencia de 11 segundos para que uno se inmortalizase en la historia y el otro quede como la gran historia de la semana. ¿Sabastian trabajó los últimos doce meses en su sistema digestivo para lograr esa diferencia final? Quizás. Dicen que el diablo está en los detalles.

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