Un juego que asomó prometedor se quedó en amagos. Un partido que insinuó más de lo que concretó. Un resultado que le impide a Vélez recuperar el primer casillero en la Zona A que le arrebató Estudiantes y que pone a San Lorenzo -que sigue invicto en seis partidos desde la llegada de Gustavo Álvarez- a definir la clasificación a los playoffs del torneo Apertura en los dos encuentros que le restan a la etapa regular. El 0 a 0 expuso la ausencia de ideas para quebrar al rival de los equipos que empujaron, pero sin encontrar el camino.
Un clásico moderno. Una rivalidad que se alimentó en las últimas cuatro décadas, aunque el primer desencuentro se produjo en 1970, cuando los clubes no se pusieron de acuerdo en la fecha para jugar el segundo partido de la final de la Copa Argentina y el título quedó vacante. El descenso de San Lorenzo y su localía en Liniers, un episodio donde el mito señaló que los chicos del barrio se identificaban con los colores del Ciclón y la multitud que acompañó la campaña del regreso a Primera. La gloria de los velezanos, con sus conquistas internacionales en los noventa, la respuesta de los simpatizantes del Fortín, que armaron una caravana para exhibir los trofeos.
El capítulo oscuro, también estuvo presente: la violencia y la muerte del joven Emanuel Álvarez tras un ataque a un micro que trasladaba a parciales de Vélez y la de Ramón Aramayo, de San Lorenzo, en un enfrentamiento con la policía, en Liniers.
Dos clubes que en los últimos tiempos transitaron crisis institucionales. En 2013, en Vélez renunció el presidente Sergio Rapisarda; la barra brava visitó al plantel, apretó a jugadores que aceptaron una transferencia y en el medio del caos, un par de vueltas olímpicas al año siguiente. El Ciclón ahora mismo camina en terreno movedizo: la destitución del presidente Moretti, el estallido del desorden económico-financiero y el llamado a elecciones para el 30 de mayo, donde se presentarán cinco listas.
Un campo de juego rápido, por la lluvia que cayó antes del partido, y la actitud de equipo avasallante que presentó San Lorenzo sorprendió a Vélez. Presión alta, con un esquema ambicioso que diseñó el DT Gustavo Álvarez: defensa de tres piezas, cuatro volantes que se imponían en los duelos frente al doble cinco -ninguno de los dos futbolistas fueron de corte, Robertone y Andrada- que ofreció Vélez y la movilidad de los tres atacantes era un jeroglífico para el Fortín. Pero pese al dominio, las primeras situaciones de riesgo se produjeron con tiros libres: Gulli hizo estirar a Montero y Pellegrini, a Gill. Y cuando el empuje, un envión que arrastraba desde el jueves, cuando superó a Deportivo Cuenca, por la Copa Sudamericana, parecía decaer, Auzmendi con un toque sutil, de emboquillada, estrelló la pelota en el travesaño.
Vélez corría de atrás, en el campo y ante la posesión del balón. Llegaba tarde a las pelotas divididas y cuando recuperaba la pelota la perdía con rapidez por la imprecisión. Guillermo Barros Schelotto, de pie, cambiaba la postura entre brazos cruzado y manos en la cintura, enseñando el desagrado por lo que interpretaban sus dirigidos. La primera sucesión de pases el equipo la ejecutó a los 42 minutos del primer tiempo, y Monzón, exigido por Romaña, desvió el remate de cabeza.
Lo mejor del partido
Un cambio de actitud en Vélez, que antes de que se cumpliera el minuto del segundo acto tuvo a Pellegrini en posición de gol, pero el atacante no descubrió el arco con el remate cruzado. Lanzini que cambió de banda, pasó de izquierda a derecha, encontró espacios y el Fortín demostró un peligro que había carecido.
El partido tuvo un ida y vuelta, Gulli de frente al arco falló, pero levantó al público. En el juego aéreo, los dos arqueros más altos que tiene el fútbol argentino, enseñaron dudas y generaban el murmullo de la gente, que recriminó varios fallos del árbitro Rey Hilfer.
El ímpetu se mezcló con las imprecisiones, la pelota viajaba de área a área, pero sin riesgo. El tiempo se consumió y el partido se selló con un empate sin goles, a pesar de que Godoy dispuso de un mano a mano en el tiempo de adición, aunque hubiera sido demasiado premio para Vélez.
