La información pasó de seria a fake news. Después la ratificaron, aunque con aclaraciones. Se viralizó en España, pero nos toca a todos teniendo en cuenta la legislación de cada país, claro está.
Trascendió que los españoles debían pagar impuestos por los regalos de boda. “Todo regalo es una donación y las donaciones tributan”, dijeron expertos de la madre patria. “Se ha focalizado en las bodas porque en redes se habla de los pobres novios, pero se trata de cualquier regalo, de Papá Noel o de los Reyes, de los abuelos que le dan 100 euros al nieto. Es un absurdo, pero en teoría tendría que tributar”, dijo una fuente de la Asociación de Inspectores de Hacienda del Estado a Verificartve, unidad de verificación de lo que circula como dato en el ciberespacio.
La aclaración es que Hacienda –ni allá ni acá- se va a andar fijando por un regalo de unos euros, dólares o pesos (que al cambio no son tan pocos, francamente). El problema lo tienen quienes reciben regalos “con fuerte valor metálico”, dicen por allá. Acá, más que “metálico”, se llamaría “milagro” porque estaríamos hablando, por ejemplo, de que al invitado a la fiesta se le ocurra regalar a los casamenteros un Tesla; un departamento en Puerto Madero, en el piso 38, frente al río, o una mesita de arrime de Swarovski. ¿De dónde sacó la plata, hombre?. ¡Venga que no se la creo!, dirían cruzando el océano. Más o menos lo mismo, aunque sin esa tonada, que las explicaciones que se le están pidiendo a Adorni y a las dos abuelitas que lo habrían financiado en Caballito.
Hace poco concurrí a un casamiento en el que, en lugar de hacer circular una lista de regalos, los novios pedían transferencias de dinero. Bien por ellos, pensé: iban a quedarse con los comprobantes de todo lo recibido en caso de que ARCA se pusiera inquieta y, por otro lado, sabrían con exactitud el monto del obsequio de cada invitado, especialmente de los que van a saquear el catering y a bañarse por dentro con alcohol bailando desenfrenadamente cual muñeco inflable en estación de servicio.
Si se lo mira con desapego de la practicidad de los nuevos requerimientos, no está mal regalar dinero, siempre que se pueda. Está de más decirlo.
No sé usted, querido lector, pero de mi casamiento recuerdo haber recibido tres yogurteras, misma marca y color; un acolchado áspero como lija gruesa de 80 gramos, y una olla que quemaba más en las asas que en la base. Tuve lindos presentes también, ¡qué va!, pero cuánto mejor hubiera sido contar con un CBU, un CVU, un fondito de inversión o, al menos, una alcancía amarrada a algún lugar, por las dudas.
La primera versión española del impuesto a los regalos de boda creció tan rápido en las redes como la furia de los lectores, aun de aquellos que no van a fiestas, amarretean los regalos o no pasarían por un registro civil en su vida. La sola palabra impuesto les provoca urticaria. Si lo sabremos nosotros. En la Argentina hay más de 150 diferentes y varios se superponen en una misma jurisdicción.